En Clave Morada | Reforma si, ruptura no

Tras el batacazo madridista en la Fase Final de la Liga ACB, muchos han sido los nombres de altas y bajas que están saliendo a la palestra mediática. Jeff Taylor, Jordan Mickey o Nico Laprovittola parecen ser algunos de los damnificados, al menos de momento, de un tramo final de temporada atípico, donde el conjunto de Pablo Laso no ha estado a la altura de las expectativas.

Pero para analizar en profundidad la temporada del Real Madrid Baloncesto debemos retrotraernos a otoño. El equipo blanco arrancaba la temporada 2019-2020, ganando su primer título del año, la Supercopa ACB, en su propio feudo y con el aliciente de haberlo hecho ante el máximo rival, el FC Barcelona de Pesic y Mirotic, demostrando un alto nivel competitivo sobre el parquet. El primer aviso madridista dirigido al Palau: un equipo de baloncesto no se forma solo a base de talonario. 

La temporada avanzaba y los chicos de Laso sumaban victorias en Liga y Euroliga que les hacían afianzarse en la parte alta de la clasificación. Mientras que la dupla argentina formada por Campazo y Deck desplegaban sus mejores minutos de baloncesto desde que habían llegado al club, su compatriota, Nico Laprovittola, parecía no terminar de encajar en los esquemas de Laso, quién seguía confiando en la misma columna vertebral del equipo del último lustro: Llull, Carroll, Rudy, Randolph, Tavares. El escolta francés Fabien Causeur, tremendamente irregular en cada ejercicio baloncestístico, pero afortunado en los tramos decisivos de la competición, y el alero sueco Jeff Taylor también seguían contando con la absoluta confianza el técnico vitoriano. Usman Garuba sumaba minutos, especialmente en el campeonato doméstico, en detrimento de un Felipe Reyes cada vez con menos recorrido en el equipo. Además, el último refuerzo en el juego interior, el pívot americano Jordan Mickey, empezaba a mostrar muy buenas aptitudes para el puesto.

Y en febrero llega la Copa. Con la vitola de favorito esta vez en manos culés, el Real Madrid afrontaba el segundo título de la temporada con la misma mirada asesina de siempre. El petardazo azulgrana en cuartos de final facilitó el camino madridista hacia la final, dónde el Unicaja de Málaga apenas pudo competir. Los madridistas volvían a celebrar el segundo título de la temporada, y de paso, lanzaban el segundo aviso hacia el Palau: para ganar títulos no basta con realizar contrataciones millonarias, sino también asegurarse de no juntar a demasiados mingafrías sobre la pista en los momentos decisivos de los encuentros.

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Poco a poco nos adentrábamos en el tramo final de la temporada, pero llegamos a mediados de marzo y el COVID-19, como si de un coitus interruptus se tratase, paralizó todas las competiciones, obligando a todos los equipos a estar parados y sus jugadores confinados en sus domicilios. Durante aquellos meses, los entrenamientos individuales fueron la tónica habitual, y en el caso del Real Madrid, con una plantilla cuya media de edad se había ido incrementando progresivamente en los últimos años. Así, con apenas unas semanas de trabajo colectivo antes de retomar la actividad en Liga ACB y con la Euroliga finalmente suspendida y el título desierto, todas las miradas del panorama baloncestístico español estaban dirigidas a Valencia. Allí se decidiría el campeón del título liguero, en un novedoso formato de competición, con dos grupos de seis equipos en liza peleando por un puesto en una especie de Final Four improvisada, y donde el margen de error se estrechaba con la eliminación de los playoffs.

El Madrid se estrenó con victoria ante el Herbalife Gran Canaria (91-73). El equipo parecía enchufado y transmitiendo buenas sensaciones. Pero llegamos a la segunda jornada, y vemos a un equipo totalmente apático y desconocido. El petardazo ante el San Pablo Burgos era una realidad (87-83). Bueno, un mal día lo puede tener cualquiera. En la tercera jornada, el equipo blanco logra una trabajada victoria ante el Valencia Basket, pero las sensaciones no fueron buenas, pese al partidazo de Campazzo (95-90). Se encienden las primeras alarmas. El siguiente enfrentamiento sería frente al MoraBanc Andorra, a priori, un rival asequible y que llegaba con bajas importantes en su juego interior. Segundo batacazo madridista (91-75), con una imagen dantesca del equipo – probablemente el peor encuentro de la temporada – y la clasificación a semifinales parecía prácticamente imposible. Pero las sensaciones de apatía de encuentros anteriores se habían transformado en impotencia. Jugadores importantes del equipo, como Llull, Deck, Randolph, Taylor, Carroll o Tavares, totalmente irreconocibles. Al final, el milagro no ocurrió y el conjunto entrenado por Pablo Laso cae eliminado en la primera fase.

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Varias son las conclusiones que podemos sacar de esta temporada, pero sin duda, la más importante de todas es que el equipo necesita mínimo un par de refuerzos de calidad en el equipo, que rejuvenezcan la plantilla y casen con la filosofía de juego del entrenador. Esto último no es un tema baladí. Es innegable que el verano pasado la figura de Nico Laprovittola no entraba dentro de lo que Laso busca en un base para su equipo. Tampoco Klemen Prepelic hace dos temporadas casaba con el rol que el técnico vitoriano exige a un alero. Fueron operaciones de club, ajenas a la voluntad de su entrenador, que por un motivo u otro no han salido bien.

Y ahora, ¿qué?. Los primeros nombres que han sonado para reforzar al equipo, el pívot croata Ante Zizic (información de Chema de Lucas) y el alero gallego Alberto Abalde (información del diario Las Provincias), si finalmente se cierran, podrían ser dos muy buenas contrataciones.

El pívot NBA parece que vendría en lugar de un Jordan Mickey, que apenas ha gozado de minutos en esta fase final por los cupos de extracomunitarios. El croata es un gran pasador desde la bombilla, lo que le permitiría a Laso recuperar un recurso ofensivo que el equipo perdió desde la salida de Gustavo Ayón del club. Además, cuenta con muy buenos movimientos al poste, y podría dar descanso a Edy Tavares ante pívots altos, sin la necesidad de trastocar los ajustes defensivos del equipo. En fin, la decisión de prescindir de los servicios de Mickey no me parece acertada, y creo que Felipe Reyes, lejos de renovarle por un año más y seguir taponando el desarrollo de Garuba, debería poner punto y final a su exitosa carrera en el club con un homenaje por todo lo alto en septiembre.

Por su parte, la operación Abalde se vislumbra mucho más complicada de efectuar. Con una opción de extender por un año más su contrato, el Valencia Basket va a poner muchas trabas a su salida. Su cláusula de rescisión es de 1,5 millones de €. ¿Cuanto tiempo hace que el conjunto blanco no abona una cláusula de esa magnitud? Pues eso. A rezar para que el gallego no acepte la oferta de renovación, y forzar una negociación con el club taronja de cara a 2021.

Para el puesto de base, el Real Madrid contará la próxima temporada con el joven Carlos Alocén, quién ocuparía el puesto de Laprovittola como tercer base. Decisión muy acertada, no hay nada que le guste más a Laso que formar a jóvenes bases todavía por pulir. Pero en los últimos días el run run en torno a una posible salida de Campazzo del club, destino a la NBA, ha cobrado más fuerza. Esperemos que pronto se aclare el panorama y si es con el Facu en el equipo, mejor todavía. Pero si finalmente pone rumbo hacia USA, la sección se verá abocada a realizar un desembolso importante en contratar a alguno de los mejores bases de la Euroliga.

El Real Madrid Baloncesto, como todo gran proyecto que empieza a sufrir alguna grieta, necesita efectuar reformas que le permitan seguir compitiendo al más alto nivel con los mejores equipos de Europa. Pero una ruptura traumática, en forma de revolución de altas y bajas, sería un gran error. Se espera un verano más movidito de lo habitual en la sección de baloncesto.

Texto: @Bricepinkfloyd

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