Opinión | Santiago Bernabéu, mismo sitio, distinto lugar.

Ya hace más de un año que los asientos del Bernabéu no son ocupados. Que raro ha sido ver al Real Madrid jugando en Valdebebas acompañado del silencio de unas gradas huérfanas.

Todos echamos de menos las noches épicas de remontada, la euforia de un abrazo con un desconocido tras un gol en el 90, el eco de las voces explotando y retumbando en la Castellana con cada gol, esa conexión tan mágica como inexplicable, ese respeto que infunde en el rival porque como dijo Juanito “90 minuti en el Bernabéu son molto longo”.

Largos como la espera de los madridistas que anhelan volver a la que es su casa. Una casa aún en reconstrucción, con visos de convertirse en el mejor estadio del mundo a la altura del mejor club del mundo.

Aún recuerdo la primera vez que visite el Bernabéu. Recuerdo el silencio en el descanso, contemplaba aquella estructura como quien admira absorto las pirámides de Giza o el Machupichu. El Bernabéu y yo solos, o casi solos, pues a mi derecha un hombre de unos 85 años observaba con la misma ilusión que aquel niño que entonces era yo. Dos generaciones tan dispares unidas por el asombro ante la magia de aquel lugar. Nos miramos y ahí comprendí la grandeza de este equipo, la magia de conectar con otro ser humano a través del amor al Real Madrid.

Si no existiese el fútbol y el Real Madrid la vida simplemente no sería igual.

Después de tanta oscuridad, de este infierno que nos ha tocado vivir, de la lucha de los que aún están y sobre todo de los que desgraciadamente ya no, se atisba un halo de luz cargado de esperanza. El templo blanco vuelve a abrir sus puertas el 11 de septiembre y la cuenta atrás se hace interminable.

Desde aquel último y épico clásico en el Santiago Bernabéu, muchos son los que se han quedado en el camino. No vamos a estar todos los que tendríamos que estar, pero su fuerza nunca se dejará de sentir, pues las almas de todos aquellos que se marcharon siguen ocupando su lugar. Ahora somos más.

Se acabo el fútbol descafeinado en la casa blanca, el madridismo vuelve y ese es el mejor fichaje. Un 60% será suficiente para que el ambiente se sienta como las noches mágicas de Champions. Ahora somos 12 contra 11. Un nuevo comienzo, volver a empezar, volver a vibrar.

El Santiago Bernabéu: mismo sitio, distinto lugar.

Foto: @NuevoBernabeu

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