Mirada Blanca | Yo no apoyo a Bale, yo apoyo al Real Madrid

No, lo siento. Por mucho que una gran parte de Twitter Madrid me excomulgue al descubrir esto, yo no apoyé ese hashtag. Es más, no estaba de acuerdo con él. Al menos no en la forma en la que muchos lo planteaban como una adhesión absoluta. En primer lugar, porque sin negar en absoluto la asquerosa campaña de desprestigio que ha sufrido el galés desde su llegada, no todo lo que ha hecho el 11 blanco lo ha hecho correctamente. En especial en materias de comunicación (no haber hecho declaraciones en español que hace tiempo que domina para callar a la canallesca, no haber aclarado él mismo el tema de la dichosa banderita, no permitir que se publiquen sus partes médicos…). Es decir, cuestiones que habrían dejado a la prensa del régimen Roures sin argumentos.

Pero sobretodo si hay por algo por lo que no estuve de acuerdo con ese hashtag fue porque, como dijo @espuma_blanca, yo no soy de un jugador, sino de un escudo redondito y que debería haber sido mencionado bajo un hashtag con el que me identifico muchísimo más: #YoApoyoalRealMadrid. Un Yo Apoyo a… es un reconocimiento implícito de que apoyarás al jugador haga lo que haga aunque eso perjudique al club. Y lo siento, por ahí yo no paso. Nunca me han ido los fanboys y no voy a empezar ahora (bueno, tal vez con Doncic sí, pero esa es otra historia).

Y es precisamente por este último hashtag por el que en el Santiago Bernabéu se necesita una limpia de cabezas urgente. La campaña de la prensa (en un gran porcentaje) y la ausencia de explicaciones del propio Bale (en otro mucho más bajo) han propiciado que en los dos últimos partidos frente a Real Sociedad y PSG el galés haya tenido que soportar la pitada de un número alto de aficionados presuntamente del propio equipo madridista.

Cierto es que no es ni la primera que sufre un jugador del Madrid en su propio estadio (raro es el crack que no la ha sufrido) y ni siquiera la mayor (aun recuerdo las pitadas a Fernando Sanz, Anelka o incluso a Solari en su etapa de corto), pero eso no es justificable. Y aunque he de decir que no fue una mayoría del estadio (al menos ante los franceses) sí que fueron un número totalmente vergonzoso los que decidieron traicionar el escudo que dicen amar y señalar a un jugador de su propio equipo durante un partido que estaba en juego. Y lo que es peor, como ya avisaron algunos, no fueron pocos los que simultanearon esos silbidos con un aplauso para rivales y no solo para ex jugadores madridistas (lo que durante el partido, pese a que a mí tampoco me convence, podría tener un pase), sino para jugadores que nos han rechazado varias veces y nunca han vestido (y no sabemos si vestirán alguna vez) la elástica blanca.

Por supuesto que el aficionado tiene derecho a mostrar su opinión y señalar a sus propios jugadores mientras rueda el esférico. Solo faltaba. Igual que tiene derecho a comerse bombillas o a meter sus testículos dentro de una olla con agua hirviendo. Nadie le va a mandar a la cárcel por ello, pero eso no quiere decir que sea recomendable. Esos silbidos durante el partido lo único que hacen es poner nervioso al jugador y a todos sus compañeros. Eso y crear un ambiente totalmente irrespirable que supone un handicap para el equipo que se supone que ustedes quieren que gane. ¿Quieren silbarle? Bien, no lo comparto, pero háganlo cuando termine su participación en el encuentro. Nunca antes. O casi mejor, quédense en su casa y silben desde el sillón. Será mejor para todos, sobretodo para el Real Madrid.

Foto: JAVIER SORIANO/AFP via Getty Images

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