En Clave Morada | Una dura batalla

Cuando Cristiano Ronaldo decidió abandonar el Real Madrid allá por el verano de 2018, muchos se imaginaban que el club blanco afrontaría un fichaje multimillonario para hacer olvidar pronto al crack portugués y seguir compitiendo como máximo favorito a cualquier competición, incluida la Champions. Pero ese fichaje, que tenía nombre y apellidos, Kylian Mbappé, nunca vino y el conjunto madridista tuvo que adaptarse a una nueva vida sin la pegada que impregna el luso a todos los equipos en los que está.

Llegaron varios chicos jóvenes muy ilusionantes como Vinícius Jr o Rodrygo Goes. Florentino Pérez fichó a Hazard e hizo feliz a su entrenador y al propio jugador belga. También se quedó Gareth Bale, el otrora máximo aspirante a suceder a Cristiano como el amo absoluto del club, pero pronto renunció a esa carrera. Se incorporaron Luka Jovic y Brahim. Incluso Karim Benzema mostró algunas de sus mejores tardes de fútbol cuando su equipo más lo necesitaba, marcando goles y  generando juego o asistiendo a sus compañeros en momentos complicados.

Pero a este equipo le sigue faltando algo. O al menos esa es la sensación que nos queda al presenciar más de un partido del Real Madrid esta temporada. Es verdad que el renacer del equipo blanco de la mano de Zizou se ha basado en una mayor solidez defensiva, con la incorporación de Ferland Mendy al lateral izquierdo y una mayor seguridad bajo palos de Thibaut Courtois como pilares básicos. También se optó por reforzar el centro del campo, con la inclusión recurrente de un cuarto medio en los once titulares. El joven Fede Valverde y sus pulmones acompañando al clásico tridente formado por Toni Kroos, Casemiro y Luka Modric (o en su ausencia, Isco Alarcón).

La receta parecía sencilla. Si hemos perdido pegada y no podemos mantener las cifras goleadoras de años anteriores, necesitamos defender mejor y rentabilizar de manera más eficiente cada uno de los goles que marquemos si queremos optar a ganar algún título. Así fue como conseguimos alzarnos con el título de la Supercopa de España hace apenas un mes. Y así será como ganemos la Liga o la Champions.

Pero no nos engañemos. No fue casualidad que anoche en el Santiago Bernabéu un equipo como el Celta de Vigo haya dado la sorpresa y conseguido empatar el encuentro ante el Real Madrid en el día que se guardó en el cajón esa receta mágica, digna de quién inventó la Coca Cola, y se optó por recuperar el clásico 4-3-3, con Bale y Hazard en bandas y Marcelo en el lateral izquierdo. Se esfumó la solidez defensiva y tampoco se logró rentabilizar los dos goles anotados. Recuerdos del pasado reciente más oscuro. El equipo se mostró mucho más inseguro, y no hubo nadie que pudiese echarse el pesado escudo a sus espaldas y resolviese el encuentro.

Es evidente que Zidane se ha ganado el respeto de todo el madridismo, que ha levantado un equipo que parecía muerto, pero parece obvio que sigue necesitando algo más para reeditar los éxitos europeos cosechados en su primera etapa. Ese jugador que le aporte 30 o 40 goles por temporada, que desatasque esos partidos que parecen imposibles de ganar y a quién sus compañeros recurran en ataque cuando lleguen las grandes noches europeas.

Este año todavía estamos a tiempo de ganar la Champions. Y la Liga. Pero lo que sí es seguro es que el camino será mucho más difícil que hace tres o cuatro temporadas. Ni Hazard, ni Bale, ni Benzema, ni Rodrygo, ni Jovic, ni Vinícius le aportarán a este equipo a corto plazo esas cifras goleadoras que tanto nos mal acostumbraron.

La sombra de Cristiano Ronaldo sigue siendo muy alargada, pero si algo ha demostrado este club es su capacidad de reinventarse y seguir compitiendo por todo pese a las adversidades. Y ya tendremos tiempo en verano de acordarnos de Mbappé, ficharle y hacerle la vida más fácil a Zizou la próxima temporada.

Texto: @Bricepinkfloyd
Foto: PIERRE-PHILIPPE MARCOU/AFP via Getty Images

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