Blanco Y En Botella | Gareth Bale, el golf y los robots

Dicen los expertos que para que el pulpo se ablande ha de recibir una importante somanta de palos antes de su cocinado.

Pues bien, ni sumando toda la producción pulpera de Galicia del último lustro puede equipararse a la ración de golpes y estacazos que le está cayendo a Gareth Bale en el último tercio de esta temporada que, afortunadamente, llegó a su fin (aunque por lo visto no para el de Cardiff, con el que no hay tregua).

Parece que atizarle al galés se hubiese convertido en el deporte nacional y no sólo desde las filas de Prensa Nostra, que le situó en el punto de mira desde que llegó a Madrid en 2013, sino tristemente por una parte cada vez más creciente de la afición madridista.

Sí, ésa que se las da de sabia y exigente y se vanagloria de haber pitado a todas sus estrellas, sin excepción, desde Di Stefano hasta el mismísimo Cristiano Ronaldo, al que ahora añoran tanto…

 

Bale, culpable por existir

Además de culparle casi en exclusiva de la debacle del equipo en esta nefasta temporada, se le ha acusado -y encima falsamente- de no hablar español y hasta de no haberse integrado en el vestuario ni en el club, a pesar de las incontables imágenes que le hemos visto acompañado de sus compañeros en actitud afable y distentida.

De hecho, se le ha llegado a acusar de llevar una vida austera, casi monacal y franciscana, porque se va pronto a dormir y no se va de marcha hasta las tantas con otros miembros de la primera plantilla en esas tan ridículas como inútiles “cenas de conjura”, que luego hemos visto que no han servido para nada.

Incluso, en este tercio final de temporada, y merced a un indecente editorial de Josep Pedrerol en Jugones, se le ha llegado a atacar por los “delitos de lesa patria” que representan para Prensa Nostra y el Piperío ad hoc el hecho de gustarle el golf y querer cumplir su contrato.

 

Un enfermizo doble rasero

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Lo que más me asombra de todo es el enfermizo doble rasero aplicado no ya por la Prensa, que es proverbial y altamente conocido por todos para según qué cosas, siempre que esté inmerso el Real Madrid, sino por esa, repito, tan autoexigente afición madridista a la que gente como Lama, Carreño, Relaño, Pedrerol y demás “hermanos mártires” lleva del ronzal y alimenta con su estiércol periodístico a diario.

Así pues, los que aplaudían como locos las “carreras demagógicas” de Raúl pero se mostraban absolutamente encantados con su rendimiento deportivo, especialmente entre los años 2005 y 2010, son los que culpan ahora a Bale casi en exclusiva por la horrenda temporada de todo el equipo y ya han amortizado a título de inventario su aportación en la época más gloriosa de nuestras historia reciente.

Y qué decir del indecente tratamiento a la vida ascética del galés. No puedo entender la inquina que les genera a todos estos mangurrianes que Bale haya optado por cuidarse a fondo y consagrar su vida al deporte de élite. No se le conocen excesos, ni etílicos ni sexuales, ni salidas de tono con la Guardia Urbana de ninguna localidad española.

Para ganarse el respeto de Prensa Nostra y sus mariachis del Piperío, quizás Bale debió haber seguido el ejemplo de otros jugadores que han militado en este club y que, en algunos casos es santo y seña para esa afición tan sabia a pesar de conocer con pelos y señales detalles de sus noches locas, como Guti o Ronaldo Nazario y sus fastuosos cumpleaños.

O que, sin ser leyenda para esta gente, sí que han quedado en el imaginario colectivo como personajes divertidos (y tratados con más cariño), como Antonio Cassano y sus donuts y putas nocturnas que les facilitaba de tapadillo el personal del hotel donde se alojó en su estancia madrileña o Robinho y sus famosas camisinhas, y su recientemente descubierta discoteca casera montada en el sótano de su chalet, tal y como nos contó Drenthe esta misma semana.

Un Guti, por cierto, igual de fanático del golf o más que el galés, así como otros jugadores y entrenadores madridistas de distintas épocas (con un hándicap espectacular, dicho sea de paso) y cuya afición al deporte de los hoyos y las pelotitas nunca fue objeto de crítica para nadie.

Pero es que, al mismo tiempo, estos mismos señalaron con el dedo acusador a otros jugadores que destacaron más por sus excesos nocturnos, como Westley Snijder (más conocido como “Whisky” que por su nombre de pila) o el antes citado Drenthe. Incluso Benzema fue víctima de esta inquisición tan voluble que ahora ve con malos ojos que Bale se cuide y viva como un cartujo.

 

Querer quedarse es una provocación

Por otra parte, resulta indignante que vean a Bale como un provocador y un pesetero porque su intención ha sido, inequívocamente, la de querer cumplir su contrato y permanecer en el club que ama y del que es seguidor desde pequeño.

Qué diferencia con respecto a otros jugadores como Casillas o Raúl, especialmente el primero, que se aferraron con uñas y dientes a sus contratos, negándose a abandonar el club a menos que “apoquinase” (como así fue, de hecho) hasta el último euro y les garantizase que, en caso de jugar en otros equipos, no iban a dejar de cobrar ni un solo céntimo de lo firmado con el Real Madrid.

Entonces, estos jugadores fueron considerados como profesionales intachables y tíos comprometidísimos con el Real Madrid, que hacían muy bien en no perdonarles al club ni un euro de lo firmado. Pero el galés ahora es persona non grata en parte del madridismo por actuar exactamente de la misma forma.

 

El robot galés

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Sin embargo, lo último y más bochornoso ha sido el episodio publicado a toda plana en el panfleto antiguamente madridista, llamado As y que, escaldado tras el último revolcón que se llevo a cuenta de la renovación de Kroos (al que Relaño y sus secuaces habían puesto ya en la frontera), arremetió nuevamente contra su pim-pam-pum favorito de este año, que es Bale.

En este caso, y ante la imposibilidad de culparle de las derrotas ante Real Sociedad o Betis, partidos en los que no disputó ni un minuto, llevaron a su portada unas presuntas declaraciones del galés vertidas en una especie de documental en el que algunos futbolistas hablaban de sus vidas y Bale afirmó sentirse como un robot por el estilo de vida que entrenamientos, regímenes de comida y partidos le habían impuesto.

Esas declaraciones, en las que venía a envidiar la forma de vida de otros deportistas como los tenistas y golfistas, estaban absolutamente traídas por los pelos, entre otras cosas porque dicho documental aún no ha visto la luz y no sabemos cómo ni en base a qué se hicieron esas declaraciones ni en qué contexto).

Por supuesto, el cesante Relaño no pudo evitar abstraerse a ilustrar su libelo con una foto de Bale jugando al golf, uno de los pecados más imperdonables de la carrera de Bale como ya hemos visto.

Evidentemente esas declaraciones dieron lugar a una catarata de críticas en los medios y entre algún aficionado papanatas, ofendidito porque a Bale le gusta el golf y le gustaría tener la oportunidad de elegir calendarios y forma de vida de un golfista. Como si eso supusiese merma alguna de su nivel futbolístico o hubiese afectado a su rendimiento deportivo.

Pero da igual, Bale ya ha sido juzgado y condenado por la Santa Inquisición Moderna de Prensa Nostra, en la que ellos son juez, fiscal y acusación particular y al reo ni siquiera se le permite el derecho de defensa más elemental.

Bueno, le queda aún el comodín del compadreo, o como dijo ese mentecato del “Látigo” Serrano, pararse ante los medios en zona mixta, hablar con ellos en castellano (porque el inglés no es que se le de muy bien a Prensa Nostra), como han hecho otros en su lugar y les fue bien y lo que el galés nunca hizo estos años.

Sin embargo, creo que la condena ya es firme, no cabe recurso y todo apunta a que se empezará a cumplir este verano cuando, por fin, el galés salga del Real Madrid rumbo a cualquier otro equipo, sin duda top mundial. Entonces, como dice el Evangelio, llegará el llanto y el rechinar de dientes, especialmente entre la afición, que se acordará de él como de tantos otros cuando se fueron…

News Reporter
Colaborador de #MadridistaReal

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