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	<title>evolución archivos - madridistaReal</title>
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	<description>Información y opinión sobre el Real Madrid</description>
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		<title>Vinicius: golpe a golpe, verso a verso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manu Ibáñez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Jul 2022 07:54:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Para alcanzar la eternidad no hay un único camino, cada cual sigue el suyo, irrepetible. La ruta puede ser pedregosa [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://madridistareal.com/vinicius-golpe-a-golpe-verso-a-verso/">Vinicius: golpe a golpe, verso a verso</a> se publicó primero en <a href="https://madridistareal.com">madridistaReal</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Para alcanzar la eternidad no hay un único camino, cada cual sigue el suyo, irrepetible. La ruta puede ser pedregosa o meliflua, y aunque nunca hay garantía de llegar a buen puerto, el primer caso es el que ofrece mayores posibilidades de triunfo. Como cantó Serrat al poner música a los versos de Machado, «golpe a golpe, verso a verso». Vinicius Junior, con 22 años recién cumplidos, afronta su quinta temporada en el Real Madrid, pero es la primera vez desde aquel 2018 fecundo en expectativas e incógnitas en torno al brasileño en la que lo hará con la responsabilidad de ser uno de los popes de la plantilla desde el minuto cero. Después de marcar veintidós tantos y dar dieciséis pases de gol entre todas las competiciones la pasada campaña -algunos de ellos clave como el de la final de la Champions ante el Liverpool-, el carioca ha de demostrar que esos números no fueron un espejismo. Además, la negativa de Mbappé a integrar las filas merengues le otorga al extremo madridista, de forma indirecta, un papel en el equipo no sólo relevante, sino protagonista, y lidiar con la presión que ese estatus conlleva es un reto en absoluto baladí. Lo difícil, dicen, no es llegar, sino mantenerse. Pero, hablando de Vinicius, existen motivos para el optimismo</p>
<figure id="attachment_37115" aria-describedby="caption-attachment-37115" style="width: 640px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-large wp-image-37115" src="https://madridistareal.com/wp-content/uploads/2023/11/liverpool-fc-v-real-madrid-uefa-champions-league-final-2021-22-3-1024x673.jpg" alt="" width="640" height="421" /><figcaption id="caption-attachment-37115" class="wp-caption-text">Foto: Shaun Botterill/Getty Images.</figcaption></figure>
<p>Hay una reflexión ampliamente conocida, tanto que hace ya mucho tiempo trascendió el espectro de influencia del cine, su cuna, para echar profundas raíces en el vasto océano de la cultura pop: «Ni tú, ni yo, ni nadie golpea más fuerte que la vida, pero no importa lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que pueden golpearte, y lo aguantas mientras avanzas, hay que soportar sin dejar de aguantar». Rocky Balboa, en el film homónimo de 2006, usaba el boxeo y su propia experiencia sobre el ring para tratar de dar una lección vital a su quejoso hijo, un joven con ínfulas de mártir. Fajador nato, si en algo era experto el Potro Italiano encarnado por Silvester Stallone era en recibir palos, tanto en el cuadrilátero como en la vida, pero también en hacer de tripas corazón y, a base de aguante, inteligencia y arrestos, acabar encontrando siempre la forma de salir adelante. Normal, si estaba más que acostumbrado a convivir con el dolor.</p>
<figure id="attachment_37118" aria-describedby="caption-attachment-37118" style="width: 640px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-large wp-image-37118" src="https://madridistareal.com/wp-content/uploads/2023/11/fbl-eur-c1-real-madrid-man-city-1-1-1024x683.jpg" alt="" width="640" height="427" /><figcaption id="caption-attachment-37118" class="wp-caption-text">Foto:Javier Soriano/Getty Images.</figcaption></figure>
<p>Por Vinicius Junior, como por Rocky Balboa en su primer combate contra el campeón del mundo Apollo Creed, nadie daba un duro hace ahora un año. Después de tres campañas de mucho ruido y pocas nueces, la imagen del brasileño que compartían los aficionados al fútbol en el verano de 2021 era la de aquel futbolista excesivamente impetuoso, una manigua de gambeta y prisa que apuntaba maneras pero que fallaba de manera escandalosa allá donde los grandes siempre marcan la diferencia: en el área. Sin embargo, como un escolar aplicado al que le había ido mal el curso anterior en clase, Vinicius, a pesar de las voces que afirmaban que no valía para esto, no dejó nunca de batirse el cobre y se esmeró en completar con acierto un cuaderno de Vacaciones Santillana tras otro hasta que acudió a la rentrée futbolística de 2021 con la madurez y el aplomo que antes le faltaban. Interpretando al poeta, para alcanzar la gloria no hay que perseguirla, ni siquiera ansiarla. El resultado ya lo conocemos: Vini convirtió las burlas en aplausos y se erigió en innegable tótem merengue durante toda la campaña 21-22, o en uno de ellos, al menos. Una liga y una Champions después, hoy la realidad es bien distinta a la del año pasado a estas alturas, hoy el madridismo mira al inminente inicio de temporada con la seguridad de que alcanzar la victoria en cada encuentro parece una empresa un poco más asequible sabiendo que Ancelotti cuenta en sus filas con un terremoto eborario partiendo del flanco izquierdo.</p>
<figure id="attachment_37116" aria-describedby="caption-attachment-37116" style="width: 640px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-large wp-image-37116" src="https://madridistareal.com/wp-content/uploads/2023/11/fbl-eur-c1-liverpool-real-madrid-10-1024x683.jpg" alt="" width="640" height="427" /><figcaption id="caption-attachment-37116" class="wp-caption-text">Foto:Franck Fife/Getty Images.</figcaption></figure>
<p>Confiar en el hombre del gol de la Decimocuarta es hacerlo en la filosofía de la constancia, en la del pico y pala, en la de caer y levantarse aprendiendo a resistir cada golpe que te tumba, lo cual implica no sólo repetir con paciencia algo en lo que uno cree una vez y otra hasta que acabe saliendo bien, sino, además, no guardarse nada y darlo todo en cada carrera, en cada regate, en cada chut y en cada lágrima, un sobreesfuerzo que, a la larga, te hace, inevitablemente, más fuerte, recompensa reservada a quienes logran, a base de tesón, comprender la anatomía del sufrimiento. Es lo que diferenciaba a Rocky y lo que diferencia a Vinicius de otros: su éxito es una consecuencia de asumir el fracaso como aprendizaje. Como en aquella película noventera, &#8216;Gattaca&#8217;, ambientada en un futuro obsesionado con la selección natural en la que dos hermanos -uno con diversas enfermedades crónicas fruto de los incontrolables azares biológicos y otro diseñado por genetistas como una máquina física e intelectual perfecta- se baten en carrera en el mar por vez enésima y, contra todo pronóstico y al contrario de lo que había ocurrido siempre, acaba ganando el, supuestamente, más débil. El derrotado, ya exhausto y preocupado por si le quedarán fuerzas para regresar a la orilla, le pregunta al otro cómo ha conseguido vencerle siendo en teoría inferior, y este le responde: «Porque nunca me dejé nada para la vuelta».</p>
<figure id="attachment_37117" aria-describedby="caption-attachment-37117" style="width: 640px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-large wp-image-37117" src="https://madridistareal.com/wp-content/uploads/2023/11/fbl-esp-liga-real-madrid-espanyol-1-2-1024x683.jpg" alt="" width="640" height="427" /><figcaption id="caption-attachment-37117" class="wp-caption-text">Foto:Gabriel Bouys/Getty Images.</figcaption></figure>
<p>Hay, de hecho, cierto espíritu suicida en cada acción de Vinicius sobre el césped, cierta querencia al radicalismo, a llevar cada situación al límite como si fuese a ser la última y hubiera que disfrutarla al máximo, una osadía que siembra esa poderosa atracción entre fatalista y entusiasta que también exhalan los poetas malditos. Igual que pasaba con Gatsby al hacer acto de presencia en aquellas soirées de boato y alpiste frecuentadas por socialités y demás fauna diversa, cuando Vinicius controla el balón en la banda, la grada levita mecida por un runrún espumoso, la acostumbrada expectación que levanta la calma previa a la estampida o al prodigio y que sólo generan unos pocos elegidos. Toca pisar donde otros antes pisaron hasta convertirse en leyenda, pero con sello propio, porque aunque «todo pasa y todo queda», ya se sabe: para el caminante «no hay camino», sino que «se hace camino al andar», y no hay otra forma de alcanzar la inmortalidad en el firmamento madridista: golpe a golpe, verso a verso, regate a regate, gol a gol.</p>
<p>Foto: Paul Ellis/ Getty Images.</p>
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		<title>Vinicius y Rodrygo: los caminos hacia la felicidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manu Ibáñez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Feb 2022 09:00:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fútbol]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Corría, creo recordar, noviembre de 2019 y atravesaba yo la Plaza de Santa María de Jaén cuando mi querido F. [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Corría, creo recordar, noviembre de 2019 y atravesaba yo la Plaza de Santa María de Jaén cuando mi querido F. me abordó vía WhatsApp para confesarme ciertas cuitas amorosas. Decidí contestarle con un mensaje de voz. Aunque recién desayunado y con más energía que un perro en celo, empecé a hablar, lo reconozco, algo dubitativo, pero sólo fue hasta que recurrí al símil futbolístico. El entorno ilustre invitaba a hilar fino, como así creo que hice. Me he sentido tentado de transcribir el mensaje original, sin florituras añadidas, pero cabe esmerarse una vez más en practicar el artificio. Qué es escribir sino embelesar.</h3>
<p>Lo que le pasaba a F. es que acababa de sumar un nuevo fracaso en su idealizada búsqueda de su media naranja, algo que en las universidades deberían estudiar bajo el nombre de «efecto Mosby». Para ahuyentar pensamientos absurdos, básicamente pretendí hacer ver a mi amigo que la actitud ante la vida lo es todo, yo, el ser más pesimista de cuantos habitan el planeta Tierra. Le recordé cierta vez que N., él y yo salimos juntos en Jaén, en junio o julio del año anterior, cuando no rondaban su cabeza ideas sobre el despecho y el desamor dignas de alimentar guiones de sitcoms norteamericanas. «Ahí estabas tú pletórico, ahí no había huevos», le indiqué, en un alarde de facundia. «Hay que dejarse llevar, hay que afrontar el día a día con más&#8230; cómo te digo yo&#8230; igual que Rodrygo controla el balón, con fluidez».</p>
<p>Cariocas, uno nacido en el 2000 y otro en 2001, extremos, apuestas de futuro, incertidumbres. Son distintos, pero la comparación entre Vinicius y Rodrygo desde que aterrizaron en Madrid es inevitable. Por entonces -recuerdo: finales de 2019-, la diferencia definitiva entre ambos, para mí, estaba bastante clara y concernía a lo psicológico. Vinicius representaba el paradigma del hombre preocupado. El miedo a los pitos, el peso de los 45 o 50 kilos que costó, el conflicto entre ser fiel a uno mismo y repetir lo que antes acabó en error aunque acabara en error o intentar algo nuevo porque se supone que es lo más correcto, lo más lógico, dos conceptos altamente inflamables. Y ya se sabe: quien juega con fuego, termina quemándose. Igual que ahora, Vinicius en 2019 ya regateaba, porque siempre lo ha sabido hacer, y solía salir exitoso de los duelos, pero luego llegaba el momento de pensar con frialdad y acontecía el descalabro. Literalmente: se caía. Se tropezaba y al suelo. Un mal golpeo de balón, un intento de exhibición técnica en lugar de una solución práctica que acababa en estrépito. Por el contrario, Rodrygo -le expliqué yo a F.- actuaba por puro instinto. «Controla con suavidad, como una anguila en el agua, pum, controla, regatea, parece&#8230; un&#8230; parece un&#8230; un&#8230; un gusanillo moviéndose, pum, por eso lleva dos goles en tres o cuatro partidos de liga que ha jugado y Vinicius ha marcado sólo dos entre el año pasado y este», detallé antes de sentenciar: «Hay que ser más como Rodrygo».</p>
<p>Cuatro meses después, Vini abrió la lata en el recordado Clásico pre-covid que terminó 2-0 para el Madrid, una actuación decisiva que alimentó tímidas esperanzas. Ocho meses más tarde de aquella conversación por WhatsApp, el brasileño volvió a destacar en un partido de forma notable. Había más seguridad en su proceder, menos precipitación. Parecía haber aprendido de parte de sus errores y haberse ganado la confianza del vestuario. Hoy, que ya han pasado dos años y algo desde el día y la reflexión de marras, <a href="https://madridistareal.com/opinion-vinicius-senior/">Vinicius ha confirmado su estallido como astro emergente</a> y teje con precisión su blanco uniforme de clavo ardiendo al que aferrarse en caso de necesidad merengue. Y en todo ese proceso, Rodrygo, por cuya defensa me he jugado el criterio futbolístico desde su debut, ha visto reducida su influencia en el devenir del equipo a meros destellos. Debería coger el teléfono y confesarle a F. mi habilidad escasa para el consejo. Está claro que no hay un sólo camino hacia la felicidad: tanto en lo amoroso como en lo futbolístico también se puede ser como Vinicius.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Foto: Aitor Alcalde/Getty Images</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://madridistareal.com/vinicius-rodrygo-caminos-hacia-la-felicidad/">Vinicius y Rodrygo: los caminos hacia la felicidad</a> se publicó primero en <a href="https://madridistareal.com">madridistaReal</a>.</p>
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