Radomir Antic y su camino de luces y sombras por el Tartiere

Radomir Antic y su camino de luces y sombras por el Tartiere

El pasado 6 de abril conocíamos la noticia del fallecimiento de Radomir Antic. El único entrenador que dirigió al Real Madrid, al Atlético de Madrid y al F.C Barcelona, pero que también dejó su sello por Zaragoza, Vigo y Oviedo, donde dirigió al conjunto carbayón en dos etapas diferentes, siendo una bastante más positiva que la otra.

Si hablamos de esa primera etapa (de la segunda difícil destacar algo) me quedo con su apuesta por jugadores del Vetusta, o de haber intentado recuperar para el futbol a un crack venido a menos como es Robert Prosinecki, consiguiendo que la mejor versión que vimos del jugador croata en España fuese cuando vistió la camiseta carbayona. Por su parte el pobre bagaje lejos del Tartiere con sólo 8 victorias, y el no haber sabido aprovechar el potencial de aquellas plantillas y que, en mi opinión y en la de bastantes oviedistas, daban para al menos haber vuelto a pasear la Cruz de Los Ángeles por territorio europeo, fue lo más negativo que tuvo el técnico serbio en su paso la capital del Principado.

En febrero de 1993 Radomir Antic llegaba al Real Oviedo en una situación crítica para el conjunto asturiano. 17º en puestos de promoción de descenso, y tras ser cesado Javier Irureta después de un ciclo inolvidable llegando incluso a jugar la Copa de la UEFA. Su debut llegaría el 14 de febrero de 1993 contra su ex equipo como jugador y entrenador Real Zaragoza, haciendo bueno el dicho de “A entrenador nuevo victoria segura” derrotándolo por un contundente 4-1.

Durante los siguientes encuentros se lograron otros 15 puntos más que hicieron que los de Buenavista lograsen la permanencia, dejando para el recuerdo los triunfos por 1-0 contra el F.C Barcelona y ante su archienemigo Sporting con un inconmesurable Carlos en ambos encuentros.

En su segunda temporada Antic vio como salían pesos pesados en ataque como eran los casos de Lacatus que volvía al Steaua o Gracan que colgaba las botas. En su lugar optó por dar unas pequeñas pinceladas a la plantilla y apostar por un jugador de una calidad sublime como fue su compatriota Slavisa Jokanovic. Un mediocentro irrepetible que se valía por sí mismo para realizar las labores destructivas y creativas, así como para llegar en segunda línea a marcar goles, algo que hoy no se lleva viendo la imprescindible figura del doble pivote.

Si algo destacó el Real Oviedo de la 93/94 fue por ser un equipo fiable y muy rocoso tanto en casa como a domicilio, hasta el punto de ser la única vez en la historia carbayona que se derrotó a Real Madrid y Atlético en la capital. Como también fue destacable el magnífico nivel que tuvo el delantero Carlos Muñoz, que, con 20 dianas, fue el máximo goleador nacional; cifra que no le valió para ser uno de los elegidos por Javier Clemente para jugar el mundial de Estados Unidos.

Sin embargo, esos altibajos que dieron en momentos puntuales como aquella racha negativa del inicio liguero con una victoria en 8 partidos, (la del Bernabéu) o pinchazos inoportunos contra equipos de la zona baja, impidieron repetir la hazaña de volver a jugar en Europa y terminando esa campaña en un muy meritorio 9º puesto.

Su tercera temporada por Oviedo fue sin duda la de los cambios. A nivel de animación en el fondo este con el nacimiento del grupo Symmachiarii. En la vestimenta cambiando a Joluvi por Kelme. De rostros emblemáticos por las salidas de ilustres como Elcacho que recaló en el Lleida, Viti que colgaba los guantes, y Gorriarán que ponía en invierno rumbo a Vitoria tras sólo jugar 26 minutos. Se cambiaba la política de fichajes al dejar de gastar en gente de fuera y se apostaba por asentar en la plantilla a canteranos como Mora y Sietes que, años más tarde jugaron los J.J.O.O. de Atlanta, u Oli que llegó incluso a debutar con la absoluta.

Todo estaba muy parado a nivel de incorporaciones aquel verano, hasta que Antic daba un golpe de efecto logrando convencer a su amigo Robert Prosinecki de jugar un año cedido en el conjunto carbayón. Su llegada a Oviedo fue una revolución para el club al tener un jugador de calidad que buscaba recuperar su nivel perdido por las lesiones. Y por qué no decirlo, también para la ciudad porque fue muy habitual verlo por la noche ovetense.

Aquella temporada 94/95 se recordará porque posiblemente en Buenavista se disfrutó del mejor fútbol de aquella década prodigiosa, y por hacer del Carlos Tartiere un auténtico fortín donde ningún equipo grande fue capaz de salir victorioso, a diferencia de cuando había que jugar lejos del Principado donde solamente se logró un triunfo y fue en Las Gaunas ante un Logroñés ya descendido.

A decir verdad, al equipo le costó carburar y la primera vuelta fue algo floja, quitando aquella victoria que cortó al “Super Depor” una racha de 22 partidos sin perder. Pero a raíz de su derrota en Albacete, el Oviedo fue a más y a ese gran juego desplegado se le unieron los resultados, haciendo que jugadores y aficionados soñasen con luchar por Europa, y más cuando a falta de 12 partidos se alcanzó el 7º puesto. Pero esa ilusión se desvanecería tras truncarse primero en Valladolid una brillante racha de 11 partidos invicto, y posteriormente con dos derrotas consecutivas en Bilbao y de nuevo contra el Albacete, teniendo que conformarse con una 9ª plaza que esta vez supo a poco.

Al término de esa temporada Radomir Antic fichaba por el Atlético de Madrid y completaba su primera etapa al frente del Real Oviedo que, junto a la salida de jugadores importantes de la plantilla, cerraban definitivamente un brillante ciclo en la historia carbayona para pasar a luchar de nuevo por la permanencia durante los años posteriores.

SEGUNDAS PARTES NO SON BUENAS

En el año 2000 y tras el histórico descenso colchonero, Radomir Antic volvería al Real Oviedo en busca de resarcirse de ese borrón, pero como dice el refrán “Segundas partes no son buenas” y aquí se cumplió por completo.

En el año del traslado del Carlos Tartiere desde Buenavista a La Ería, y del trágico fallecimiento ese verano de un mito como Peter Dubovsky, Antic se rodeaba de compatriotas de confianza como eran los casos de Tomic y Paunovic. Apuestas personales como el joven central Martinovic, así como aprovechó el descenso también del Betis para repescar a un viejo conocido como Oli.

El inicio fue más o menos igual que en su primera etapa, fuertes en casa y hasta con victorias contundentes, pero demasiado débiles a domicilio contando todas las salidas como derrotas, a excepción de los empates en Pamplona y Málaga, y las victorias de Vallecas y el Camp Nou; siendo esta la más señalada porque supondría hasta hoy la última victoria en primera del conjunto oviedista.

Al final de la primera vuelta los carbayones eran 14º con 24 puntos, unos números bastante optimistas y que nada hacían presagiar el triste desenlace. Un desenlace que en parte vendría provocado por el mayor error de Antic en su paso por Oviedo: la llegada de un jugador ya acabado como era Stan Collymore.

Para su contratación, el serbio persuadió a la directiva con que se alcanzarían los puestos europeos si el delantero inglés recalaba en el Tartiere, pero no fue así y 5 semanas después de su puesta de largo ante 6000 incondicionales, 78 minutos disputados repartidos en tres encuentros con sendas derrotas, y habiendo engordado más de lo que ya estaba, Collymore abandonó el Principado en silencio, y a partir de ahí, el Real Oviedo inició una dinámica negativa hasta que, a falta de una jornada y tras empatar contra un Real Madrid ya campeón, acababa en el corredor de la muerte sabedor de que en aquel fatídico 17 de junio, el gobernador donostiarra iba a conceder el indulto al Osasuna en la última jornada, siendo el Mallorca, el mismo equipo contra quien ascendiera en 1988, quien certificara el descenso oviedista después de 13 años asentado en la azotea de nuestro fútbol, y con ello la salida definitiva de Radomir Antic del conjunto carbayón.

Con su reciente fallecimiento, despedimos a un mito en el fútbol español, y a una figura destacada en aquel inolvidable Real Oviedo de los 90 pero que, años después, fue uno de los principales verdugos de ese descenso que daría pie a que el oviedismo vagara por categorías inferiores, y que hoy por hoy continúa luchando por volver a esa zona noble.

Texto: Javito Atance
Foto Portada: RO Culture fans

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