Punto final a la sequía del Real Madrid C: el ‘búfalo’ vuelve a embestir

2 noviembre 2026 - 13:03
Punto final a la sequía del Real Madrid C: el ‘búfalo’ vuelve a embestir

JORGE RODRIGUEZ CASTELLANOS (SHOTBYJORGEXX_)

La espera llegó a su fin. El segundo filial blanco estrenó su casillero de victorias con un tanto de Jaime Barroso que valió los primeros tres puntos del curso. A un paso de salir del descenso.

«La paciencia es amarga, pero su fruto es dulce», frase de Jean-Jacques Rousseau. Unas palabras que bien podrían resumir los últimos meses de este equipo. Cincuenta y siete días y nueve jornadas. Esa es la travesía de aguas turbulentas que ha tenido que atravesar el Real Madrid C para acabar con el calvario de empates y derrotas.

El escenario, el Adolfo Suárez. Casa del Real Ávila. Entre murallas y piedra castellana, el caballero más dócil, Jaime Barroso, desenvainó la espada más letal. Jugada magistral del ‘killer’ de La Fábrica. Caño al defensa, prosigue con un recorte para acomodarse el balón a su pierna débil y culmina con un disparo seco –de los que hacen pupa a los arqueros– pegadito a la cepa del poste derecho. Grito al cielo. Suspiro y alivio. Se quitó un peso de encima. Para un ariete, el gol es su alimento; pasar fines de semana sin encontrar portería convierte el hambre en una carga difícil de soportar. También se llevó un pequeño susto: el árbitro le mostró la cartulina roja erróneamente. El colegiado interpretó que había sido él quien había retenido el esférico en el banquillo, cuando realmente se trataba del entrenador de porteros.

Marc Carrasco da forma a un bloque equilibrado

JORGE RODRIGUEZ CASTELLANOS (SHOTBYJORGEXX_)

El técnico madridista parece haber dado con la tecla. Sus chicos no transmitían una idea clara. Más sombras que luces. Sin embargo, eso está en proceso de cambio. Los encuentros más recientes han aclarado el panorama con respecto al once inicial. Dibujo y sistema claramente definido: 4-2-3-1.

Illia Voloshyn, el gigante ucraniano que custodia el reino de los tres palos. 2,02 metros de altura. Su sola presencia impone. Un hombre de garantías. Acudió de emergencia al Clásico del Camp Nou para suplir la baja de Courtois. Atendiendo a los laterales, aparecen Guille González (sin lesiones, Melvin sería el titular) y Álvaro Lezcano. Este último, un proyecto de futuro en el que el club tiene depositada gran confianza. Amén de Sotres que lleva ausente algunos partidos, la zaga: Álex Pérez-Mateo Garrido. El valenciano, curtido en mil batallas, con experiencia de sobra en la categoría. Su pareja, Garrido, con cara de niño bueno pero mentalidad de adulto. Como diría Carlo Ancelotti, un central «pesimista». No le teme a nada. De la generación de oro del 2009.

El doble pivote está formado por Lacosta y Manex Rezola. ‘Laco’ es un 4×4 que no entiende de caminos fáciles ni de terrenos imposibles. Debido a ello, en Valdebebas le comparan con Fede Valverde. Una zancada prodigiosa, un despliegue titánico y una seriedad incuestionable. A su lado, como fiel escudero, un pelotero de San Sebastián. También se puede asomar al balcón del ’10’. Zurdo y técnico. Y el engranaje que cierra la sala de máquinas se llama Carlos Díez. El ‘Harry Potter’ de la cantera. No se viste con capa, pero saca la varita a pasear sin ton ni son. Fino y sutil como la seda.

Arriba, los encargados de ponerle colmillo al ataque. Los puñales de las bandas: Liberto Navascués y Álvaro Ginés. ‘Liber’, todo un campeón de la Youth League, como otros compañeros. Desde el 2017 en las categorías inferiores de la entidad merengue. Punzante e incisivo como un estilete. Por el otro costado, el ‘7’. El capitán. Jaime Barroso, la referencia ofensiva desde la punta de lanza. Un goleador puro. Lleva el gol en la sangre. Trabajador incansable, comprometido con cada acción y siempre dispuesto a dejarse hasta la última gota de sudor por el equipo. Un delantero que entiende el sacrificio como parte inseparable de su instinto de cazador. Pocos artilleros pueden presumir de acumular más de cien dianas en apenas cuatro campañas.

Barroso recupera la sonrisa

Se podría decir que el madrileño estaba atravesando un periodo de vacas flacas. Eso sí, de vaca no tiene un solo pelo. Él es un auténtico ‘búfalo’. De esa manera le apodan cariñosamente los que mejor le conocen.

Nos tenemos que remontar a agosto. Final de la pretemporada. Una lesión muscular le dejó K.O. durante un mes. Talavera, su reaparición. No obstante, el camino no fue de rosas. Pocas oportunidades y esa sed de sangre, que caracteriza a los ‘killers’ de antaño cuando la pelotita no se introduce en la jaula. De por medio, un golpe duro: fuera de los veintitrés elegidos para la hazaña Intercontinental en el Santiago Bernabéu. Un sueño a las puertas de cumplirse, que se le esfumó entre los dedos.

Alcalá lo cambió todo. De los mejores en el aguacero de El Val. Un megalodón que no encontró presa. Aun así, se codeó con centrales de fuerte contundencia, y salió airoso de la mayoría de los duelos disputados. Los pupilos de Marc Carrasco también hicieron clic allí. Con la UB Conquense todo se puso cuesta arriba. Uno de los líderes del Grupo 5 de Segunda RFEF. Un hueso duro de roer.

Y Ávila le despojó de esa mochila llena de frustración. «Los goles son como el kétchup. A veces no salen por mucho que lo intentes, y luego vienen todos de golpe». Se agitó el árbol y cayó la primera manzana. El primero de muchos.

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