#OpiniónRM | Cuando tocamos el cielo con las manos

Amanecía el sábado a priori como un día normal, pero no era un día normal. Ya desde dos días antes de la final los nervios se apoderaron de mi cuerpo en su totalidad. No era algo nuevo, ni mucho menos. Sin ir más lejos esa misma sensación  la viví el domingo 20 en la final de la Euroliga. Y ese día estuve quizás más nervioso y contenido que nunca porque tenía que estar trabajando y no podía expresar mis emociones como me hubiese gustado.

Amanecí el sábado después de haber estar trabajando la noche del viernes. Mi ritual fue el de siempre, desayunar y entretenerme tocando la guitarra o viendo la TV. Pensaba que esa semana después de ver al Real Madrid de baloncesto ganar la décima sería más tranquila en cuento a nervios y demás, pero nada más lejos de la realidad. Ese día mis nervios vinieron a verme pronto e hicieron que saliese a dar un paseo, despejarme y tomar algo mientras hablaba del partido con amigos. Fue una charla muy amena que la verdad hizo que me entretuviese antes de ir a comer.

Ya en la sobremesa me puse Real Madrid TV para ver la previa y con la esperanza de quedarme dormido ya que luego por la noche tenía que trabajar de 1 a 5 de la mañana. Pero ese día el sueño no vino a verme, ese día dijo que quería cogérselo libre. Así que con los ojos como platos seguí viendo la previa hasta que decidí que ya no aguantaba más en casa. Según pasaban los minutos más nervioso estaba así que decidí ir a mi trabajo a dejar cosas para la noche y así despejarme. Y nada mejor que pasear por el centro de mi Salamanca del alma para despejarte y aislarte de lo que iba a vivir dos horas después. Las calles llenas de turistas y la ciudad engalanada de gente que hacían de ella una estampa aún más maravillosa. Ya volviendo del trabajo, y tras pararme a charlas con varios conocidos por el camino, llegué al lugar donde vería el partido. El Lugar al que yo considero talismán porque desde que empecé a ver ahí los partidos el Real Madrid se ha elegido como campeón de Europa. Al llegar me encontré un ambiente tranquilo, algo lógico porque no eran ni las 19:00. Pero poco a poco se fue animando aquello y el ambiente ya era muy caluroso a poco más de una hora para que empezase el partido. Comentamos la alineación los que estábamos allí mientras pasaban los minutos y al ver a los equipos calentar ya no había ni nervios ni nada, ya estábamos deseosos de que el balón comenzase a rodar.

Después de escuchar por última vez el Himno de la Champions comenzó el sufrimiento de verdad con el inicio de partido, y más con el inicio que fue. Con el Liverpool poniendo en muchos apuros al equipo recuerdo la desesperación y el no parar de gesticular mientras que a su vez me lamentaba por las ocasiones de Cristiano y Nacho y respiraba con la parada de Keylor a Alexander-Arnold. No voy a negar que respiré muy mucho con la desafortunada lesión de Salah. El Liverpool perdía a su mejor jugador y nosotros respirábamos algo más tranquilos, aunque eso nos duró poco tras el mazazo de la lesión de Dani Carvajal.

La primera parte de me hizo cortísima. Apenas ni me enteré. Quizás por lo nervioso que estaba y porque no me gustaba como estaba pintando el partido. No podía comer nada porque no me entraba, bebía y bebía porque la sed no se me iba. Y todavía quedaba lo peor, quedaba la segunda parte, quedaba el desenlace.

La segunda parte fue diferente porque el Madrid salió de otra manera y el Liverpool no achuchaba tanto como en la primera. Tras ver a Isco plantarse solo ante Karius me dijé “ahí está!!” pero mi gozo en un pozo cuando vi el balón estrellarse en el larguero. Según avanzaban los minutos mis nervios aumentaban porque el Madrid no marcaba, pero tras el 1-0 de Benzema solté toda la tensión cantando el gol. Solo hacía que gritar “vamos!!” y “dale!!” para liberar la tensión. Pero poco me duró al ver el empate de Mane. Otra vez tenso, otra vez nervioso.

La verdad es que por el resultado si estaba nervioso, pero según estaba el Madrid no era para estarlo en ese momento porque estaba muy bien plantado y con el control de la pelota. Pero claro, avanzaban los minutos y seguía el 1-1. Hasta que a Gareth Bale se le ocurrió hacer lo que hizo para ponerme en un éxtasis tremendo. Solo hacía que gritar “que golazo!!!, que golazo!!!, que golazo!!!” y liberar toda la tensión acumulada, que sinceramente no se acababa de ir porque aun quedaba partido y ellos con un gol volvían a empatar, algo que casi consiguen con el tiro de Mane al poste.

El 3-1 fue ya la liberación total. Ahí ya no solo fueron los cánticos del gol, sino que también fueron los saltos de alegría y el empezar a cantar el “campeones, campeones” hasta el final del partido. Ahí ya los abrazos con los que estaban a mi lado y los mensajes con amigos que vivieron la final en Kiev fueron continuos. Ya no era momento de estar tenso, era momento de celebrar. Celebración contenida porque a la 1 había que ir a cumplir laboralmente.

Tras salir a la calle gritando y cantando para sacar toda la adrenalina me dispuse a cenar algo porque durante el partido había tenido el estómago cerrado. Tras hacerlo quise bajar al centro de la ciudad a ver el ambiente que había, y me encontré un ambiente fantástico de gente cantando, saltando, y sobre todo muy muy feliz. Que tu equipo gane la tercera Champions consecutiva era motivo para ello.

Tras vivir de cerca la celebración me dispuse a ir a trabajar, para después ir a celebrarlo con los compañeros y redondear así un día y una semana mágica. Tu equipo campeón de Europa en fútbol y baloncesto en apenas una semana. Era el momento de ser feliz y festejar porque ser del Real Madrid es maravilloso.

Texto: @AbrahamR_82

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