#OpiniónReal | A los que ven a Cristiano lejos

Que conste que no soy partidario de concurrir a debates estériles que persiguen eludir lo principal: la conquista de una nueva Copa de Europa. Me resulta más natural inclinarme hacia el reconocimiento y la admiración del Real Madrid. No hay que ser parcos en la pronunciación de elogios. Al contrario. Se sufre tanto en la sinuosa travesía, que cuando se consuma un hito inalcanzable para otros equipos, lo justo es detenerse en ellos, adjetivarlos y concederles su valor real.

No obstante, voy a permitirme una excepción. Con brevedad y premura voy a destinar cierto espacio a las tesis que garantizan la marcha de Cristiano Ronaldo. En esta ocasión ha sido el portugués quien ha facilitado las elucubraciones. Su testimonio a la conclusión de la final debe catalogarse de inadecuado, de poco empático con el sentimiento de sus aficionados y con la paz que merecía la institución para celebrar el logro.

Cristiano lo sabe. A veces le puede ese ímpetu propio de un adolescente. Esa necesidad instintiva de expresar -con público de por medio- sus estados de ánimo. No es nuevo. Es cierto que después de ganar una Copa de Europa queda muy feo y puede despertar cierta inquietud entre los madridistas, incluso suscitar sensaciones encontradas. La felicidad ante un nuevo título, que contrasta con el pesar por la posible salida de un mito del madridismo.

Es aquí cuando debo dar mi opinión. El madridismo debe estar tranquilo. Existe una figura cuya palabra es puro dogma: Zinedine Zidane. De por sí, el Club siempre tiende a ser justo y conciliador con los jugadores que se lo ganan y, en este caso, se espera un mayor esmero para colmar al entrenador que reclama la continuidad eterna del luso. Y si Zidane lo quiere, el Club le da el gusto.

El no fichaje de Kepa es el ejemplo más esclarecedor del poder que recae sobre el entrenador. No fue un hecho aislado. Achraf iba a ser cedido al Alavés, y Zidane reclamó su puesto en la primera plantilla pese a su juventud.

Es cierto que James o Morata abandonaron la disciplina blanca. Zidane fue cómplice hasta cierto punto. Ambos demandaban más protagonismo, pero el entrenador tenía otras prioridades antes que el colombiano y con Morata fue franco, y le hizo ver que su primera opción era Benzema. Si no puede satisfacer las peticiones de los futbolistas, es probable que les permita salir. Ocurrió con Jesé. Puede que ocurra con Bale.

Cristiano Ronaldo y Zidane después de conquistar la Décimo Tercera Copa de Europa | Foto: AFP

Empero, con Cristiano es distinto. Zidane no concibe un Madrid sin el portugués. Lo sentencia en cada rueda de prensa. Es insustituible. Cristiano puede sentir de forma expresa y rotunda cómo Zidane le otorga un valor distintivo. No existen dudas. No tiene reparos en personalizar en su jugador franquicia a diferencia del Rafa Benítez de turno.

Que Zidane vea a Cristiano de blanco va a ser suficiente motivo como para que el Club se siente con el portugués y escuche su malestar. Siempre lo ha hecho, pero ahora con mayor motivo.

Esperamos que de esa reunión Cristiano salga convencido, con el estímulo necesario para seguir integrando el mejor club del mundo, aportando su juego y recibiendo todos los títulos y distinciones derivadas del Real Madrid.

Sin embargo, si Cristiano no se atiende a razones y exige su salida, él mismo precipitará -con un club dispuesto al traspaso como aliado- un desenlace doloroso y especialmente perjudicial para él. Özil y Di María son dos ejemplos de que cuando un jugador se lo propone, puede conseguir que se le abra la puerta incluso cuando no resulte comprensivo para la mayor parte de aficionados.

Pero el Madrid está por encima de todo, incluso de sus mitos.

Texto: @DBenavidesMReal

Foto: Realmadrid.com 

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