Opinión | Cuando en la locura, «el loco» es el más cuerdo de todos

Angel Martinez/Getty Images
La historia del fútbol parece tener reservado la heroicidad para los delanteros, pero el héroe madridista es defensa y no es otro que Rüdiger
La resaca de la épica y accidentada vuelta de semifinales de Copa del Rey ha dejado muchos nombres propios. El golazo de Endrick, la actuación estelar de Vini o el trabajo incansable de Jude. Sin embargo, hay un hombre que sigue acrecentando su leyenda reservándose los momentos decisivos: Antonio Rüdiger
Como los buenos vikingos el apodo se gana el campo de batalla. Tu nombre precede a tu apodo que es el que define cuan valiosa ha sido tu destreza y describe las heroicidades que has llevado a cabo. Esos momentos en los que el extasis genera un vínculo entre la deidad y el ser humano, que hacen de tus leyendas un imborrable recuerdo que perdura mucho más allá del tiempo.
En el fútbol, esos momentos están relacionados con el gol y, por ende, casi siempre reservados a futbolistas ofensivos. Pero desde hace un tiempo, en la casa blanca hay alguien que se está acostumbrando a emerger en ese tipo de situaciones. Su nombre es Rüdiger, pero le conocen como «el loco».
El alemán desprende carisma desde la cuna, lo que le hace un personaje inconfundible. Famoso es por las collejas a sus compañeros tras un gol, por su forma esperpéntica de correr o los gestos propios de un loco. Con Rüdiguer nada es normal.
Y que mejor que un loco que ni siente ni padece para esos momentos en los que cualquier humano duda.
Lo que empieza a ser normal es su nivel superlativo. Llegó desde el Chelsea con la carta de libertad despertando las dudas que cualquier fichaje madridista genera. Se decía que no servía para el Real Madrid porque estaba acostumbrado a jugar con línea de 5, que era irregular, que no tenía nivel, que su edad … Tres temporadas después es indiscutible en la zaga madridista. Su nivel futbolístico le ha llevado a ser considerado uno de los mejores defensas del mundo.
El loco no solo es indispensable en el terreno de juego, también en el vestuario, siendo uno de los futbolistas más queridos por sus compañeros. A pesar de que su locura a veces es fuente de incomprensión para sus compañeros, es un tipo que cae bien. Se implica con el vestuario, ayuda a los más jóvenes y siempre fomenta ese buen rollo que ha sido clave durante las últimas temporadas del equipo.
Además, ya es un ídolo para la afición, que acogió esa locura como una seña de identidad tan propia como divertida. El madridismo disfruta de la intensidad del alemán, de su concentración, de sus acciones defensivas y, sobre todo, de sus goles. El loco es un vikingo más.
Y como decía, las grandes leyendas protagonizan historias imborrables, algo que solo hace aumentar el prestigio del loco. En sus tres temporadas, ha sido el héroe de muchas de las noches más locas y surrealistas. Si el Bernabéu es un manicomio, Rüdiger es el mayor enfermo.
Para el recuerdo ese quinto penalti contra el City en el camino a la decimoquinta o el quinto penalti contra el Atlético de Madrid y esa carrera en la que toda la plantilla imitaba su singular forma de correr. Anoche, ante la Real Sociedad e incorporándose en la prórroga, volvió a ser el elegido. Un balón de Arda fue rematado por el loco que corrió a abrazarse con sus vikingos para ofrecerles el pase a una nueva final.
Una vez más, como si fuese cosa del destino, Rüdiger era el que sentenciaba la eliminatoria. Cogiendo el testigo del camero o de Carvajal, era en un córner donde se elevaba más que nadie para dar el sufrido pase a la final de la Copa del Rey al Real Madrid.
El Real Madrid ha descendido a la locura desafiando cualquier guión. Sin embargo, parece que últimamente le tiene reservada la gloria a Rüdiguer. No es extraño porque en la locura, el loco es el más cuerdo de todos.