#MiradaBlanca | Querido Míster

Madrid, a 31 de Mayo

Querido míster:

Estoy destrozado. Sinceramente, no me lo esperaba. Acaba de anunciarse que no vas a seguir en la que ha sido tu casa durante las últimas temporadas, en un banquillo que nadie se ha ganado más que tú, y yo todavía no me lo creo. Este es un varapalo muy duro. El Madrid resistirá, porque siempre ha resistido todo, pero tu marcha sin duda supone un contratiempo, una caída de la que necesitaremos meses en recuperarnos. Tu sustituto no lo va a tener nada fácil. Porque no, míster, tu no has sido un entrenador más de los cientos que han pasado por Chamartín.

Tú has conseguido establecer algo que nadie podía esperar: la segunda época más gloriosa de la historia blanca. El club antes de ti ya era el más laureado de la historia pero tú te empeñaste en hacerlo aún más grande. Atrás quedan momentos maravillosos como esas Copas de Europa conquistadas contra pronóstico y ante rivales que la prensa no dudaba en ensalzar antes del partido (y con ello, adelantar nuestra derrota)  para acabar calificándoles de banda nada más acabar el choque. Porque no nos engañemos, ahora que te vas toda esa prensa palmera que ahora alaba tu trayectoria es la misma que al mínimo contrapiés exigía tu dimisión y la misma que ha criticado tu estilo por no ser digno de un ganador, cuando la realidad es que tu único estilo durante estos años ha sido precisamente el de ganar.

La realidad es que nadie sabe como tú lo que te ha costado el lograr todo lo que has conseguido.  Cuando llegaste las dificultades no podían ser mayores. Entonces, el Barcelona era el absoluto dominador y el Madrid aún arrastraba la época más negra de su historia. Además, no es que se te recibiera precisamente con los brazos abiertos. Venías a sustituir nada menos que a una de las grandes leyendas de los banquillos europeos y eso provocó suspicacias desde el primer momento. La prensa (y gran parte de la afición, para qué negarlo) te veían como un advenedizo, un técnico sin experiencia que sólo se sentaba en el banquillo blanco por haber sido un “hombre de la casa”. Alguien que había sido un gran jugador, sí, pero que como técnico no pasaría más que de ser un mero parche en busca de tiempos mejores. Ahora, todos esos están o en la cueva intentando borrar sus comentarios en redes sociales o llorando tu marcha contemplando tu inigualable palmarés.  Además, también has pasado épocas muy duras. Me viene a la memoria en momento en que incluso no había un solo periodista o aficionado madridista que pensara que esa noche conservarías el cargo (y eso que para entonces ya acumulabas unos cuantos títulos importantes como entrenador blanco).

Sin embargo, tú siempre has sabido sobreponerte a todas las dificultades. Y es que eso es precisamente lo que más me gusta de ti. Por mucho que te arreen, tú siempre has sabido poner la sonrisa y cargar con la culpa de las derrotas. Algo que ha contrastado con la consecución de los títulos donde siempre has preferido posar en un segundo plano, como si no fuera contigo. Y que decir de tus exhibiciones en las sala de prensa, auténticos clínics en los que jamás los “haters” han podido contigo. Tu sonrisa y tu paciencia han desesperado a nuestros enemigos que tenían que conformarse con ver como tu imagen se convertía en la calva más importante de la historia de nuestro Deporte en lo que a entrenadores se refiere.

Ahora, nada más me queda que agradecerte todo lo que has hecho por nosotros. Gracias por devolvernos a la elite, gracias por darnos unos años que antes de tu llegada nadie hubiera imaginado. Eso y pedirte que esto no sea un adiós sino un simple hasta luego.  Esta siempre será tu casa…

PD: Lector ahora te toca a ti elegir si fechar esta carta en este 2018 o en un futuro, esperemos, muy lejano. Si dirigirla a Zinedine o a Pablo, a Zidane o a Laso. Sea como sea, gracias a ambos.

Texto: @jmcanasv

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