#MiradaBlanca | ¡Arriba, arriba, arriba…!

Cualquiera que haya ido alguna vez al Bernabéu sabrá cómo sigue el cántico que todo el estadio canta en el minuto 7. Sin embargo, yo hoy  no les voy a hablar de mandar adelante ningún balón ni del inolvidable Juanito. Lo que tiene que ir arriba son nuestros ánimos. Los del equipo por supuesto, no en vano se les ha visto como hundidos y más de uno incluso se juega el seguir vistiendo esta sacrosanta camiseta; pero también los de un Bernabéu que tampoco está rindiendo a su máximo nivel.

La sensación que tiene todo madridista después de lo sucedido es obvia. No existe nadie con el corazón blanco que ahora no pueda sentir una sensación de impotencia, de abatimiento, de que todo está perdido. Lo peor que podría pasar sucedió: ver como tu equipo, el que has sentido como parte de ti desde que naciste, cae nada menos que tres veces ante el eterno rival y todo en apenas 96 horas, es un golpe suficientemente fuerte como para derrumbar al más optimista. Y más si tenemos en cuenta que dos de esas derrotas supusieron al equipo blanco despedirse de dos títulos.

Si todo esto lo siente un aficionado, imaginaos los jugadores. Aquellos que dominaron con soltura a su temible rival y que acabaron cayendo por ser como lobos sin colmillos, como un águila que ve a su presa pero no tiene garras para agarrarla. Pero no nos engañemos, tanto en fútbol como en baloncesto (en el deporte de la canasta también se había dominado hace un par de semanas en Copa) no vale con bailar en el ring como Ali también hay que tener su crochet y mandar al rival a la lona de un solo golpe. Pues bien, de pegada es precisamente de lo que carecieron los blancos tanto en el Bernabéu como en el Palau.

Pero ojo, esto no es nuevo y mucho menos en el equipo de balompié. Lo  de la pegada madridista no más que un mito desde la época de Ronaldo Nazario. Tal vez Cristiano lo mitigara un poco estos últimos años, pero ya hace tiempo que los madridistas necesitan casi 4 oportunidades claras de gol para perforar la meta rival. Por eso es lógico que tras caer goleado ante el Barça el miércoles tras haberle perdonado la vida, en el choque liguero el equipo madridista siguiese en shock tras la oportunidad perdida.

Sin embargo, ya no hay excusas. En el Real Madrid está permitido tropezar, incluso aunque sea antes de tiempo, pero lo que está completamente prohibido es no levantarse. Toda vez que ninguno puede decir que las derrotas se debieron por falta de actitud sino de acierto (o, en su defecto, de inteligencia competitiva)  la solución está clara, hay que olvidar lo ocurrido y levantarse de una vez.

No hay tiempo para lamentos ni para reproches, en fútbol solo nos queda una bala en la recámara y o acertamos entre los ojos del Ajax este martes o podemos estar ante el final de temporada menos emocionante que hayamos visto. Más que nunca tenemos que ser uno. El Bernabéu debe, de una vez por todas, recuperar el famoso espíritu de Juanito y ser el verdadero jugador número doce. Los nuestros nos necesitan y, si queremos pasar, el Ajax debe sentir de verdad que está en un infierno. Es hora de levantarse y que todos (jugadores y aficionados) demostremos quienes somos los reyes de Europa. ¡Hasta el final, vamos Real!

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