#LaBoticaMadridista | Zinedine Zidane, el retorno

En algún rincón paradisíaco, rodeado de palmeras, playas y piñas coladas, Zidane disfrutaba de un merecido descanso y despejaba su mente tras casi tres temporadas al frente del banquillo más difícil del mundo. Disfrutaba de su familia y del tiempo libre que hacía años no tenía. Y lo hacía tras haber conquistado prácticamente todos los títulos que se le pusieron por delante.

Pero ese descanso no era del todo reconfortante. No quería leer periódicos, procuraba no acceder a internet y en la tele sólo ponía alguna que otra película. Aún así, no podía evitar que le llegaran noticias del Real Madrid, su Real Madrid, el equipo de su vida, el que se lo había dado todo. Y esa información era cada vez peor. Tras un inicio de temporada turbulento, que pareció enderezarse con la llegada de Solari, la última semana había arreciado definitivamente la tormenta y el barco se partió en dos con la eliminación de Champions, esa que habían ganado en las últimas tres temporadas. La nave blanca iba a la deriva y sus ocupantes estaban a punto de naufragar.

Zidane paseaba por la suite de su hotel, inquieto, pensativo. En parte se sentía responsable de la situación del equipo madridista, su salida fue demasiado repentina. Miraba el teléfono y lo volvía a dejar encima de la mesa. Su mujer, Veronique, le preguntó si le pasaba algo. Zizou la miró sonriente, sin mediar palabra, intentando no preocuparla; aunque lo conocía demasiado bien y sabía lo que al astro francés le rondaba por la cabeza.

Suena el teléfono. Zinedine lo mira, duda si responder; finalmente lo coge. Al otro lado Florentino Pérez, su amigo. El presidente que lo llevó a jugar al Real Madrid y el que confió en él ya como entrenador, primero dándole el Castilla y posteriormente en otra difícil situación del primer equipo. La conversación duró poco más de diez minutos. Cuando colgó, dejó el teléfono encima de la cama y tras unos minutos de reflexión sentado en la misma, comenzó a arreglarse. Traje gris, camisa blanca, zapatos negros impecables. Mientras se terminaba de abrochar los gemelos, Veronique le preguntaba con la mirada qué ocurría. Zinedine se ajustó la corbata, sonrió y dijo: Volvemos a Madrid.

Foto: AS

News Reporter

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