#LaBoticaMadridista | Desconexión roja

Cuando Toni Kroos metió el golazo ante Suecia que mantenía con vida al equipo alemán, reconozco que lo canté con más emoción que el de Aspas frente a Marruecos. Con el gol de Modric frente a Argentina sentí una inmensa alegría, Lukita es mi debilidad, como lo es de la gran mayoría del madridismo. Ver a Varane con el brazalete de la selección gala fue para mí un orgullo. Que Cristiano se deje el alma por intentar que su selección llegue lo más lejos posible, es una total satisfacción…

Y es que estoy siguiendo este Mundial más que como un aficionado español, como un aficionado al fútbol, y desde un prisma madridista. Me alegra que le vaya bien a los jugadores del Madrid, jueguen en la selección que jueguen. No quiero que pierda España, pero no me voy a ir a la cama sin cenar el día que eso ocurra. Es curioso porque todavía siento las lágrimas que me caían cuando alzamos la Copa del Mundo en Sudáfrica y los nervios extremos que me atenazaban en la semifinal contra Alemania, sentado en el suelo delante del sofá porque ya no sabía ni cómo ponerme.

Han pasado solamente ocho años desde aquello, pero ya nada es igual. Desde entonces, se empezó a utilizar a la selección española como arma arrojadiza contra el Madrid. Nos vendieron incluso que aquello era gracias a los jugadores del Barça y su estilo de juego. Convirtieron el equipo de todos en el cortijo de unos cuantos. Algunos jugadores madridistas incluso dejaron de ir convocados por no ser del agrado de los gerifaltes, todo con la connivencia de un seleccionador que para colmo, se hacía llamar madridista, pero que se había entregado completamente a la causa culé y que no dejaba de hacerle desprecios al club del que comió varias décadas. Cualquier cosa que pasara entre compañeros de la selección, pero rivales cuando se enfrentan en liga, rápidamente se le afeaba al jugador madridista, culpándole de estropear el ambiente en la Roja. Por no hablar de la exigencia de la titularidad para ciertos jugadores en el Real Madrid, mientras se ponían de perfil si esos jugadores visitaban el banquillo con la selección, o incluso si no iban ni convocados a un Mundial o Eurocopa.

Poco a poco me fui desenganchando de una selección que ya veíamos como algo extraño, algo ajeno a nuestros sentimientos. Me encantaría que fuera lo contrario, ojalá volviera a llorar como aquel 2010, ojalá emocionarme otra vez cada vez que jugara mi selección y sentir ese cosquilleo que recorre el cuerpo al pensar que podemos pasar una eliminatoria y seguir avanzando en el Mundial. Pero eso no se puede forzar. El sentimiento sale o no, y este ya lleva tiempo apagado.

Tanto el Mundial de Brasil, como el actual en Rusia, los disfruto como un gran espectáculo de fútbol, mi gran pasión, y donde mi verdadera preocupación es que los nuestros, los madridistas, vuelvan prontito y sanos y salvos a casa. Que descansen y estén listos cuanto antes para ponerse a las órdenes de Lopetegui. A la vuelta de la esquina asoma una Supercopa de Europa, y con las cosas de comer no se juega.

Texto: @boticario_81

Foto: Defensa Central

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