Fútbol Puro | Debates artificiales, preguntas sin respuesta

Anda el madridismo, entretenido estos días de sol, cerveza y pretemporada, dándole vueltas a 1-3-5-2, al 1-4-4-2, al 1-4-3-3 como si un dibujo fuera la causa de todos los males que acucian a un equipo de fútbol, en este caso al Real Madrid. Como si en ellos estuviera la explicación o la causa de todos los puntos negros, pensando, además que una modificación de cualquiera de ellos va a suponer, por arte de magia, la solución a todos esos problemas.  Y no es así, entre otras cosas, porque las certezas en fútbol no existen, no podemos asegurar que defender con tres centrales suponga defender mejor ni que atacar con dos delanteros vaya a garantizar el gol. Es todo más complicado debido al componente de imprevisibilidad que está en la misma esencia del fútbol.

Veamos: El dibujo, en un equipo de fútbol, es sólo y exclusivamente, un punto de partida, una manera de ocupar el campo que a veces sólo lo vemos antes del saque inicial. El problema viene cuando empieza a rodar el balón, lo importante no es el dibujo, sino la adaptación del jugador a ese dibujo, “el jugar desde el puesto y para el puesto”. Cierto es que hay jugadores especialmente dotados para ocupar unas posiciones más que otras, pero eso no debería ser óbice para conseguir su adaptación al rol dentro del campo que le pida su entrenador, que le plantee el rival y que le exija el juego, en definitiva, no debería ser un obstáculo para su adaptación al contexto.

Un dibujo es un factor integrante de la intención que tenemos con nuestro equipo y con su comportamiento en el terreno de juego, siempre teniendo en cuenta las características del rival y las necesidades del juego. Uno pretende que su equipo se comporte homogéneamente, que responda armónicamente a los estímulos del contexto, que los jugadores se comporten según lo entrenado, pero para eso hace falta tiempo y trabajo.

Zidane nunca ha sido, en su etapa como entrenador, un gran constructor de armazones tácticos, un generador de una idea colectiva armónica tanto con balón como sin él, si un facilitador o un continuador, además de potenciador,  de trabajos anteriores, sumando a todo eso, la puesta a su disposición de unas plantillas, sobre todo la del doblete, de un grandísimo nivel técnico, además de contar con el mejor jugador del mundo y una bestia competitiva como Cristiano Ronaldo, en plenitud. Tampoco ha utilizado nunca una pretemporada para, desde el primer día de trabajo, “entrenar al equipo para jugar de una manera determinada”, cosa que es respetable, por supuesto.

En su haber, claro está, lograr una capacidad de adaptación casi maquiavélica de su equipo a todo lo que tenía por delante, siempre, como si con él no fuera la cosa. Hizo que el equipo no se desestabilizara casi nunca, dotándolo de una fortaleza mental casi granítica. En su anterior etapa como entrenador, pues, el equipo fue un monstruo competitivo desde lo mental. En su debe, su no demostrada capacidad,  incluso remontándonos ya al segundo año en el Castilla, para configurar una plantilla competitiva.

Pero, no obstante, creo que es demasiado pronto para cuestionar su trabajo, ni siquiera ha empezado la temporada, por más que algunas decisiones sean controvertidas (sobre todo al alinear al final de la temporada a jugadores que no estaban para jugar y que además habían faltado al respeto tanto personal como profesionalmente al anterior entrenador ) creo que hay que esperar a que tenga la plantilla que quiere (a estas alturas y sobre todo en el asunto de las altas, creo que no le han dado lo que ha pedido y está quedando claro que Zidane no es Lopetegui) y entonces y sólo entonces, exigir juego y resultados. Aunque sigo teniendo mis dudas de que al madridista medio le importe algo el juego.

HalaMadrid.

 

“En el fútbol, una causa genera consecuencias distintas. La consecuencia la ven todos, la causa sólo unos pocos”. 
M. Bielsa

Texto: @Franalvaro

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