Pablo Laso, un líder de “mano blanda“

Hablar de Pablo Laso es hablar de evolución, de un proyecto en el que inicialmente nadie creía y que ha evolucionado hasta ser incuestionable, incluso por sus críticos más acérrimos.

El técnico vitoriano llegó en junio del 2011 a Madrid por la puerta de atrás. La situación del club, previa a su llegada, era un poco atípica. El anterior entrenador, Ettore Messina, había presentado su dimisión en marzo, y fue su asistente, Emanuele Molin quien se había quedado al cargo del equipo.

Con Molin fuera del banquillo al acabar la temporada, la directiva decide traer a un entrenador, sin apenas experiencia, y que era de un perfil diferente a todo lo anterior. Pablo Laso aterrizaba en Madrid con la presión de tener que construir un equipo ganador. Las confianzas eras mínimas, pero su cambio en el estilo de juego consiguió devolvérselas a quienes ya las tenían perdidas. Revivió a un Madrid que entonces parecía irreconocible. Y sí, decimos revivir, porque la afición volvió a ilusionarse y a divertirse viendo a su equipo.

Comienza su primera temporada al frente del banquillo y Laso parte con dos objetivos más que claros en su cabeza. El primero recuperar el estado de forma de Sergio Rodríguez, quien ya tenía pie y medio fuera de Madrid. Lo segundo fue usar a Sergio Llull como base, pese a que su posición habitual era de escolta. No puede negarse que fueron dos de los aspectos que le propiciaron obtener buenos resultados durante las siguientes temporadas.

Desde su llegada se ha encargado de recuperar la velocidad y de jugar en base al rebote y contraataque, algo muy característico del Madrid de los años 70-80. Durante sus primeras temporadas consiguió una liga ACB (2013), una Copa del Rey (2012), y dos Supercopas de España (2012, 2013). Laso apuesta por la estabilidad, el equilibrio y la confianza, devolviendo al Madrid a su lugar de origen, aquel del que llevaba casi 22 años desbancado.

Sin embargo, el 2014 destruye todo lo conseguido hasta el momento. Pese a que durante los primeros meses se consigue un increíble récord de victorias consecutivas, la derrota frente al Maccabi en la final de la Euroliga, por segundo año consecutivo, acaba propiciando un bajón anímico en el equipo. Consecuencia de esta situación, apenas un mes después, se perdía la Liga frente al Barcelona. Fueron los dos mayores fiascos que le han tocado vivir desde que es entrenador del club blanco. Las expectativas que se habían generado fueron tiradas por la borda. Si no hubiese sido por el incondicional apoyo que siempre obtuvo por parte del director deportivo, Alberto Herreros, otro gallo hubiese cantado. Todas las miradas estaban puestas en él, y cualquier paso mal dado podían dejarle fuera del equipo. Las voces críticas no cesaban y resonaban cada vez más alto dentro del Palacio de los Deportes. La marcha de un jugador clave como era Nikola Mirotić y la respuesta de traer un jugador, de casi 34 años, como fue Andrés Nocioni, incentivaron más las dudas generadas sobre la gestión del vestuario. Ante la situación que se estaba viviendo, sus dos ayudantes, Hugo López y Jota Cuspinera, son despedidos, mientras que Laso sigue al frente del equipo.

Bajo el punto de mira llega a la temporada 2014-2015. Lo que en un principio pintaba como otro año complicado, se convierte en una revolución, en un cambio. Es el año de la Perfect Season. El Real Madrid consigue ganar la Liga, la Copa del Rey, la ansiada Euroliga (20 años después), la Supercopa y la Copa Intercontinental. A partir de entonces es cuando se empieza a hablar de la evolución de Pablo Laso. Los motivos que le llevaron a la debacle en el 2014, parecían solventarse en el 2015. Por primera vez podíamos ver a un equipo que no se descontrolaba, que no llegaba con esa asfixia física a los últimos meses de competición. Se encontró el equilibrio que le catapulto a la gloria.

Sin embargo, Laso siempre estuvo más criticado que elogiado. El inicio de la siguiente temporada vino marcado por las acusaciones de ser él, el principal motivo de la marcha del pívot Bourousis al Baskonia. Ajeno a todos los comentarios, apuesta por la incorporación de dos ex jugadores de la NBA, Trey Thompkins y Jeffery Taylor, quiénes pese a las lesiones, le dan un buen rendimiento.

Con el inicio de la temporada 2016-2017, Laso tiene que hacer frente a la salida de el “Chacho“ Rodríguez a la NBA, y la llegada de Anthony Randolph y Othello Hunter.   Pese a que se consiguió la Copa del Rey, se vivieron momentos de mucha tensión. En el Madrid siempre se pide más, la mediocridad no sirve para triunfar en este club. El equipo cae eliminado en las semifinales de la Final Four frente al Fenerbahçe. Apenas un mes después, perdía la Liga frente al Valencia Basket, dejando una sensación de desgana durante todo el partido. A partir de este momento, el técnico tiene que hacer frente a ciertos comentarios relacionados con su “mano blanda“ con los pesos pesados del vestuario.

No obstante, si hay algo que no se le puede criticar a Laso es su carácter, su forma de hacer reactivar al vestuario. ¿Quién no tiene en su mente esas charlas tan enrabietadas que se producen en los tiempos muertos? Son conocidas como las “lasinas“ . No pueden negarse que son similares a las “santiaguinas“ que tanto revuelo generaron en los vestuarios de Chamartín.

FOTO: AFP/Getty Images

Los rumores de despido volvían a sonar una vez más, pero a sus 50 años, ahí estaba enfrentándose a su sexta temporada al frente del banquillo blanco. El Madrid sigue sorprendiendo por su juego llamativo y rápido.

En la temporada 2017-2018, le tocó vivir la peor plaga de lesiones hasta el momento. Llull, Taylor, Randolph y Rudy, entre otros, formaban un largo parte de médico de jugadores descartados. Pero bien es cierto que las cosas no son como empiezan, sino como acaban. El Madrid consiguió proclamarse campeón de la Liga y de la Euroliga. Esta última fue un momento muy especial para los blancos. El Madrid la conseguía por décima vez en su historia, y ante el Fenerbahçe de Obradović, quien es considerado el mejor técnico de la era moderna en el Viejo Continente.

El pasado verano, Laso nuevamente ha tenido que reponerse de las salidas de jugadores clave como Luka Doncić. Sin embargo, siempre se ha mostrado firme y ha conseguido formar un equipo que ilusione. Hace apenas unos meses conseguía la Supercopa de España, y en lo que llevábamos de arranque de temporada, su equipo seguía invicto hasta la intrascendente derrota del pasado fin de semana frente a Andorra.

Los fracasos y las desilusiones han formado parte de su evolución, pero aprender de ellos le han permitido proyectarse como entrenador. Es por ello incuestionable que lo que ha conseguido es de un mérito innegable. Ya no son sólo los títulos, de los cuales cabe decir qué ha sido capaz de conseguir 16 de los 20 posibles. Pablo Laso ha logrado implantar un carácter, una forma de ser, una identidad que hasta ahora solo había sido impuesta por históricos como Lolo Sainz o Pedro Ferrándiz.

En el Real Madrid no se permiten fallos, siempre hay que estar en lo más alto. El problema es que a veces los resultados no son siempre justos, pero sin embargo hay que fijarse en la progresión que se ha vivido. ¿Dónde estaba el Madrid en junio del 2011, y donde está ahora? Todo ello es gracias a Laso.

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