El Rincón de Apple Tree | Días de emociones y sonrisas

Iba a escribir esta semana sobre la emoción que tenemos los seguidores del baloncesto y más del Real Madrid, ante la inminencia de la Final Four de la Euroliga. Otro año más a luchar por el título y con opciones muy reales para lograrlo. Luego ya se sabe, parafraseando a José Manuel Puertas de Tirando a Fallar, “no creo que haya ningún analista serio que diga tener claro un ganador en una F4”. Pero “que nos quiten lo bailao”. La emoción de tener este año otra cita con el gran evento, hacen de los días previos una sucesión de posibles imágenes todas ellas acabando con Felipe Reyes levantando el título.

Iba a escribir de esa sonrisa que se nos pone durante la semana previa, como si del estreno de una esperada película se tratara. Cuentas los días con cierto nerviosismo sabiendo que en unas horas (un fin de semana en este caso), habrá pasado todo y no sabes si con el resultado esperado. Pero eso sí, emociones las habrá seguro. Ya sea perdiendo o ganando, emociones las habrá.

Descartando la Final Four de 2011 que fue no obedece a este grupo, el resto de finales recientes, ha tenido este tipo de emociones de las que hablo:

Londres 2013: ponerte 17 puntos arriba en el primer cuarto con Niko Mirotic haciendo el gesto del pistolero para luego pegarte un batacazo contra Kyle Hines y un Spanoulis resucitado es una buena montaña rusa emocional.

Milán 2014: tras sufrir todo el partido, pensar que el ídolo de oro puede ser tuyo como un Indiana Jones de la vida, escapar corriendo de los israelitas y las trampas del templo en la jungla para que venga Belloq con una cinta en la cabeza y te lo arrebate en el último momento te deja destrozado para el resto de la temporada.

Madrid 2015: salir victoriosos ante el antiguo enemigo da un subidón que hace que hasta Felipe VI se levante del asiento con los triplazos de Jaycee Carroll. ¡Por fin una película que acaba bien!

Estambul 2017: la emoción de visitar Mordor y salir vivo. Con eso se puede dar uno por contento.

Belgrado 2018: salir de “tapado” (si es que el Madrid alguna vez va de tapado) y quitarle la corona al campeón, para lograr dobles figuras de Copas de Europa, jugando de esa manera, perpetuó la sonrisa hasta que Luka se nos fue del equipo.

Pues iba a hablar de todo eso, ¿acaso no lo hice? pero me deja un regusto amargo lo mal que se trata al aficionado desde el organizador en cuanto a la venta de entradas se refiere.

La Final Four es un evento que atrae a muchos aficionados pero que requiere una planificación y un importante coste. Tienes que reservar los días en el trabajo (viernes y lunes) para poder llegar a todo. Tienes que afrontar gastos de alojamiento, transporte y por supuesto el abono del evento que no es barato precisamente.

Pues incluso así, la Euroliga cuando saca las entradas a la venta, vuelan misteriosamente como si fuera un concierto de Bruce Springsteen o los Rolling Stones. Prácticamente imposible conseguir dos entradas juntas en el momento de la venta para acto seguido tenerlas ofertadas en la “reventa” oficial de turno casi al doble del precio.

Y ahora parece que, según veo en Twitter, al acercarse el evento y no haber demanda (las razones expuestas arriba tendrán algo que ver), puede que no se venda todo el papel y haya huecos en la grada con gente que en su momento no pudo comprar.

Aunque yo iba a hablar de la emoción que se siente en estos días y de lo extraordinario que es vivir este acontecimiento en primera persona y disfrutar de esta época dorada del madridismo de baloncesto. Carpe diem, señores (y señoras). Que algún día se irán Felipe y Laso a su casa y dejarán de invitarnos a estas fiestas y habrá que colarse comprando en la reventa o falsificando una entrada.

Foto: El Confidencial

News Reporter

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