El precio del sueño de Vinicius

26 marzo 2024 - 18:00
El precio del sueño de Vinicius.

PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP via Getty Images

«Yo solo quiero jugar al fútbol». Esa fue la frase que Vinicius, entre lágrimas, pronunció en sala de prensa. ¿Cuánto vale un sueño?

Vinicius llegó al Real Madrid cuando casi nadie le conocía. En aquel momento la noticia fue el dinero que el club blanco invirtió en un joven que no llegaba a la mayoría de edad y que era un desconocido. Aquello ya comenzó a levantar suspicacias.

Aquel chaval que había conseguido triunfar en el Fluminense, desembarcaba en Europa con una expectación parecida a la que despierta hoy Endrick. Cargaba el peso de ser una apuesta del Real Madrid y de ser un desconocido. Tenía que salir mal si o si, costase lo que costase.

Sin embargo, su debut en pretemporada mostró porqué se le había fichado. Sus cualidades diferenciales y únicas, hacían intuir un futbolista de los que marcan diferencias. Un diamante en bruto con muchas cosas por pulir, pero con un potencial evidente.

Sus primeros regates y su velocidad empezaron a asustar al antimadridismo. Ellos decidieron señalar todo aquello que hacia mal y eligieron ridiculizarle por ello. El juicio ya estaba hecho: no valía para el fútbol y era un un tuercebotas. El Real Madrid se había equivocado.

Sus primeros días en el Castilla le colocaron en el centro de la diana. Un futbolista que había costado lo que había costado y y que además jugaba para el Real Madrid. Para ejemplo, aquel partido contra el filial del Atlético de Madrid en el que un futbolista de su equipo le mordió la cabeza. Además, ya tuvo que soportar la presión de las aficiones rivales, a las que seguramente nunca debió contestar, aunque resulta complicado contenerse.

Ahí, Vinicius empezó a comprender lo que se le venía encima.

A todo esto, un niño trabajando en su adaptación a un nuevo país, una nueva cultura, una nueva vida y la presión de portar la camiseta más importante del mundo a los 18 años. Convendremos que no debe ser sencillo.

Su debut en el primer equipo coincidió con una de las peores temporadas que se le recuerdan al Real Madrid. Ya entonces demostró su personalidad echándose el equipo a la espalda y siendo el principal argumento ofensivo del equipo. Pero tenía una deuda pendiente: el gol.

Ese fue motivo de mofa no solo para aficionados o periodistas, también para compañeros de profesión. Cuando llegó el gol, le ridiculizaron porque solo marcaba de rebote. Entonces no molestaba el color de su piel porque no molesta a tanto en el césped.

Fue convocado con Brasil (tan malo no sería) y entonces llegó su lesión en el tobillo. Aquella noche aciaga no solo se rompieron las esperanzas de avanzar en la Champions, también el corazón de los madridistas cuando aquel crío que estaba despegando, lloraba desconsolado sobre el césped del Bernabéu. Volver a empezar de nuevo, otra vez.

Después vino Zidane y perdió protagonismo. Por primera vez se pudo ver a un Vinicius sin confianza. Y es que el brasileño puede estar acertado o no, pero siempre lo intenta. Aquel momento puede ser el más duro desde que viste la camiseta blanca puesto que no solo los rivales se fueron de él, cierta parte del madridismo perdió la fe en Vinicius. Todo aquello terminó con el gol frente a Osasuna, cerrando un ciclo que empezó con lágrimas sobre el césped y que terminó de la misma forma. Un llanto liberador.

A partir de ahí, ya nada le pudo parar. Una progresión meteórica que le ha llevado a ser considerado uno de los mejores futbolistas del mundo. Números de superclase. Goles de todos los colores. Títulos en los que ha sido protagonista. La Champions de Vinicius.

A medida que su nivel aumentó, los argumentos que sostenían que no valía y que era malo se fueron debilitando. Había que buscar otro discurso. Había que utilizar otras armas. De todo eso surge «Vinicius provocador».

Los rivales le han cosido a patadas, le han provocado, le han agredido. Las aficiones rivales le han insultado por su color de piel, le han deseado la muerte, se han reído de él y han colgado un muñeco de un puente con su camiseta. El periodismo ha convertido a la víctima en verdugo porque no debe respondes a las provocaciones y poco menos que es él quien se lo busca. En ocasiones se le ha llegado a faltar el respeto seriamente en medios de comunicación. A Vinicius se le ha criticado hasta bailar.

Con Vinicius se han vivido cosas muy feas, que no convierten a España en un país racista, pero si que nos obliga a reflexionar sobre quienes forman parte del mundo del fútbol y que actitudes tenemos. Y no, esto no sólo pasa con Vinicius, pero sí lo sufre de manera más habitual y grave.

Todo esto nos llevó a la rueda de prensa de ayer, de un España vs Brasil en contra del racismo. Una rueda de prensa en la que un chaval de 23 años se desmoronó después de resistir algo que no muchos podríamos aguantar. Y ni aún en ese momento, se ha tenido consideración con el brasileño. Se tiene que leer que lo de ayer forma parte de un show para un documental. No habéis entendido nada.

Vinicius no habla solo por él, no lucha solo por él. Es por todos aquellos que vendrán después y los que ya lo han sufrido. Poco importa que sea del Real Madrid pues la causa de su discurso es a todas luces justa. Y aunque fuese por humanidad, parece surrealista desprender la idea de que lo hace todo por los focos. Vinicius ya tiene el foco de todo el mundo por su desempeño futbolístico.

Es rico, tiene fama y es reconocido en el mundo entero. ¿De verdad creen que esto tiene que ver con los focos? Ahora nos vemos con la superioridad moral de no solo decidir que está bien o que está mal, si no como se debe sentir una persona que es permanentemente atacada. Y no solo como debe sentir, también como debe actuar. Para dar ejemplo, primero hay que serlo.

Ser rico, famoso o exitoso no son argumentos para defender que una persona no puede sentirse discriminada cuando le insultan por el color de su piel.

Es evidente, Vinicius tiene muchas cosas que aprender. Tiene actitudes que cambiar y comportamientos que mejorar. Sin embargo, eso no es razón para recibir los insultos que recibe, ni él, ni nadie.

Ayer Vinicius se mostró vulnerable, pero con la confianza del que sabe que está donde quiere estar. Como en fútbol, lo intenta, lo intenta y lo vuelve a intentar.

El brasileño vive en una lucha constante contra si mismo, contra propios y extraños. Siempre ha conseguido reinventarse tras cada mazado y ahora libra una lucha mucho más grande que él, que es la de todos nosotros.

Es un buen momento para que sin camisetas, sin escudos y sin futbol de por medio hagamos autocrítica. Que separemos el mensaje del forofismo y entendamos que algo no va bien en este mundo cuando un chico de 23 año sale a llorar suplicando que le dejen hacer lo que le gusta. Yo el primero.

Vinicius sigue viviendo su sueño, ese que se ha estado cerca de convertirse en pesadilla, hasta tal punto de amenazar su sonrisa.

Y es que este es el precio de su sueño del fútbol y del sueño de conseguir un mundo mejor.

Este está siendo el precio que Vinicius tiene que pagar por su sueño.

Escribir es mi pasión y el fútbol una religión en la que el Real Madrid es lo más sagrado. Soy de los que piensa que si el Real Madrid no existiese habría que inventarlo. Escribo con el corazón, que es donde tengo cosido el escudo del Real Madrid y si me pinchan sangro blanco porque me corre por las venas. Madridista Real es el rincón en el que pongo palabras a todo lo que el Real Madrid me hace sentir. Os invito a compartir conmigo este espacio al que yo llamaría hogar.

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