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La semana del Real Madrid terminaba con la visita a Valencia. Después de muchos viajes y un calendario incomprensible del que Mourinho se ha quejado, tocaba visitar Mestalla. El entrenador portugués avisaba de que sería un partido muy complicado. Quería a los suyos enchufados.
Después de las rotaciones y la victoria agónica frente al AEK en Grecia, el equipo volvía a recuperar el que parece ser el XI titular. Volvieron Güler y Tchouaméni a la titularidad, junto a Valverde en el lateral. El resultado no pudo ser más contundente: 3-0.
Más allá de la victoria o de los goles, el análisis está en las sensaciones. El equipo funciona justamente como eso: como un equipo. Nadie elude sus responsabilidades, incluso apoyan al compañero a cumplir con las suyas. Todos corren ofensiva y defensivamente. Y cuando igualas las ganas, el esfuerzo y el rigor táctico, el talento deslumbrante de esta plantilla acaba marcando la diferencia.
Mourinho ha encontrado un esquema y los jugadores que encajan perfectamente en él. De este tramo de la temporada pueden sacarse varias conclusiones.
La primera es que Valverde es el mejor lateral derecho de la plantilla. Habría que revisar si no es el mejor del mundo. El uruguayo se ha convencido de que sus prestaciones aumentan en el sector derecho y esa es una de las grandes victorias de Mou. Malas noticias para Trent y Dumfries, pero las evidencias están ahí.
Esa mudanza de Fede al lateral derecho, ha permitido la entrada al XI de Bernardo. El portugués ha ido ganando protagonismo en el equipo desde el Clásico. Con la idea de «mezclar físico y calidad», Bernardo está poniendo rigor a la salida de balón del equipo. Ha solucionado la falta de fluidez para conectar fútbol.
El físico lo pone Tchouaméni. El francés es una figura indispensable para Mourinho. El 14 es lo que fue Casemiro para Carletto. Una figura que equilibra el equipo desde la base del centro del campo. Su simbiosis con Bernardo ha creado la mezcla perfecta para un centro del campo que no terminaba de encajar las piezas.
Diomandé ha llegado para quedarse. Con la ausencia de Vinicius tras su sanción en el partido frente al Villarreal, hemos asistido a la explosión del costamarfileño. Ya se ha hablado de sobra sobre lo que aporta defensiva y ofensivamente al equipo. Vini tiene un problema si quiere recuperar su sitio. Ya no es por el nivel individual de Diomandé, es por lo que supone a nivel colectivo.
Y la guinda de este pastel es Güler. El turco está absolutamente desatado. Ya no juega con complejos o la ansiedad de convencer. La sensación es que ahora, sintiéndose importante, todo su fútbol ha salido a relucir. Arda le da sentido a todo y es difícil no asegurar que es uno de los mejores del mundo. Hace jugar al equipo, asiste y marca. Cada partido es mejor que el anterior. Es indispensable para el equipo y así se pudo comprobar frente al AEK. Absolutamente diferencial.
A todo ello hay que sumar el gran nivel de Bellingham y las cifras superlativas de Mbappé. Poca cosa.
Pero la clave más evidente de todas no es otra que el regreso de José Mourinho. Todo esto sería impensable sin su figura y el trabajo que viene realizando desde el inicio de la temporada. No solo en lo futbolístico, también en lo mental. El vestuario vuelve a mostrar unidad por la consecución de un objetivo común. Se puede observar un compromiso y una ambición con la que el madridismo vuelve a sentirse identificado. Su figura ha devuelto las expectativas a una plantilla que había perdido el rumbo. Se juegue bien o se juegue mal, el cuchillo siempre entre los dientes. Solo así se explican las remontadas y las victorias en los últimos minutos. Porque eso nunca ha sido casualidad, es una consecuencia de la conexión cuerpo técnico – jugadores – afición. Esa victoria de Mourinho no tiene precio.
El portugués ha construido una máquina colectiva de ganar. Ahora le toca confiar sus piezas más valiosas a las selecciones. Un parón que llega en el peor momento, porque era el mejor momento de la plantilla. Sin embargo, tras el enfrentamiento entre Barça y Atlético de Madrid, el parón llegará con buenas noticias. Mientras tanto el parón llegará con la misión cumplida: 8 de 8.