Qué difícil es la vida sin el Real Madrid

Desde pequeños nos contaron los días de gestas y hazañas del Real Madrid a lo largo del siglo pasado. “Cuando Di Stéfano hizo aquel gol”, “¿Recuerdas aquel drible de Butragueño antes de marcar el gol de la victoria?” o “Mira a cuántos dejó en el camino Hugo Sánchez”, nos decían.

Nosotros ya vivimos la era galáctica, los años de Luxemburgo y López Caro en el banquillo, la liga de Capello, la era de casi un clásico al mes entre Mourinho y Guardiola… Sabíamos lo que era sufrir viendo a nuestro Real Madrid, pero también sabíamos lo que era ganar la Copa de Europa remontando en el descuento o con una volea desde fuera del área o con una chilena galesa frente a un equipo inglés en una ciudad ucraniana. 

Sin embargo, creo que no habíamos vivido los días sin el Real Madrid como estos. Sí que vivimos los días de junio-julio, lo que se llama “temporada muerta”, antes de que comience la pretemporada. Pero igualmente está la emoción del mercado de fichajes. No estábamos preparados para una primavera sin fútbol, una primavera sin emoción, sin gritos de gol ni noches europeas mágicas. No estábamos preparados para, en pleno marzo, ver las calles, los estadios y los bares de Madrid y todo el mundo vacíos, sin un aficionado gritando eufórico por la victoria de su equipo. 

Y muchísimo menos estábamos preparados para estar en casa sin poder celebrar los triunfos o sin sufrir en las caídas de nuestro club. No obstante, somos fuertes. El madridismo es fuerte. El madridismo se queda en casa para recargar la fe y las fuerzas de seguir apoyando al mejor club del mundo. Y más allá de cuál sea tu equipo, si es el Barcelona, si es el Atleti; más allá de cuál sea tu pasión, si es el fútbol, el baloncesto, pintar, el running… Quédate en casa. Nuestras pasiones pueden esperar, pueden hacerse más fuertes, más fieles, más importantes… Mientras más esperemos en casa, más rápido acabará todo, lo cual significa que más rápido comenzará todo como era antes: las noches de fútbol en el Bernabéu, las tardes de pintura en el taller o las mañanas de correr 10 kilómetros por el barrio. 

Nadie nos dijo qué difícil es la vida sin el Real Madrid, sin el fútbol en sí, sin nuestras pasiones, sin nuestros hobbies… Pero más difícil sería la vida sin vida en sí, así que cuidémonos, para seguir con nuestra vida, para seguir con nuestro Real Madrid, para seguir como todo iba antes de todo esto, que pronto pasará.

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