#DesdeLaGrada | Camino a Kiev

A menudo suele ocurrir que ante la aproximación de una cita deportiva de gran calado y en la que además participa el equipo del cual uno es seguidor, las sensaciones se van sucediendo una tras otra inexorablemente, igual que a una estación sucede la otra o al lunes el martes y así sucesivamente.

El paso casi imperceptible del nerviosismo rayando el miedo a la euforia desmedida intercalada con la relajación más absoluta para volver a la histeria en modo “ya no me quedan uñas” daría a buen seguro para que más de uno se hubiera tirado de los pelos cuando dejó la carrera de psicología porque algún “lumbreras” en la barra de un bar le espetó: “¿Psicología? Si eso no tiene salida…”

Pero como los capones no dados a tiempo a los listillos por desgracia ya no volverán, toca no lamentarse en exceso por ello y ponerse a pensar en lo realmente importante. En aquello que nos ocupa y nos preocupa desde el mes de septiembre del año pasado. Desde ese día 13 de septiembre, verano para más señas todavía, en el que se inició lo que en un bonito lema inglés se dio en llamar el “Road to Kiev” o el camino del Real Madrid hacia la Final de la Copa de Europa.

En aquellas fechas estivales, Kiev no pasaba de ser para muchos una ciudad del este de Europa, capital de Ucrania por más señas; para otros tantos, futboleros empedernidos y algo nostálgicos, la ciudad del Dynamo, equipo mítico de Demianenko, Blokhin, Shevchenko y tantos otros grandísimos jugadores ucranianos. No faltarían tampoco quienes ni supieran dónde estaba esa ciudad ni falta que les hacía; ¿Cómo iban a poder pensar algunos de ellos que ocho meses después estarían haciendo fosfatina sus cerebros de tanto estrujarlos para ver cómo organizar la logística de poder acompañar a nuestro Real Madrid en la Final? Impensable.

Este camino que el sábado concluye comenzó en el Santiago Bernabéu – no se me ocurre mejor estación de inicio de partida de un viaje – Apoel de Nicosia, Borussia Dortmund y Tottenham Hotspur nuestros tres primeros rivales. Como si fuera un duelo que debería decidirse en función de la lengua que más se hablara en el mundo entre las autóctonas de estos cuatro países, alemanes y chipriotas se quedaron en el primer albergue o fonda del sendero, donde posiblemente toparían con el mismo – o con otro – “lumbreras” de turno. ¿Quién sabe?

De modo que como en toda peregrinación de enjundia que se precie, tuvimos que buscar nuevos compañeros de viaje. Y hete aquí que las famosas bolas calientes determinaron que nuestro destino sería cruzarnos con París Saint Germaine. Considerando la empresa que estábamos llevando a cabo, no podía ser de otra manera que también los franceses se quedaran en el camino. ¡Santos Germaines a nosotros!

Los pies a estas alturas ya nos dolían, no os lo voy a negar. Pero aún así y pese a las muchas dificultades con las que nos hemos ido encontrando, hemos seguido avanzando. Como ese peregrino que ha vencido, no sin esfuerzo, la tentación de arrojar la mochila por el primer barranco profundo que ha encontrado en su ruta. Para sobreponerse a todo, ¿qué mejor que reeditar la Final del pasado año y encontrarse ahora con una Vecchia Signora, pero no de las que te dan de comer un plato caliente cuando estás cansado, no; más bien de las que cuando te descuidas un momento te sacude un estacazo de padre y muy señor mío. La anciana italiana fue una muesca más en nuestro sufrido caminar teniendo que asistir impávida y embelesada a una de las más bellas obras de arte que se hayan pintado nunca en este deporte.

Vikings | Foto: ABC

 

Los monjes alemanes de Baviera, protestantes ellos no ven con muy buenos ojos este tipo de hazañas o gestas y decidieron ponerse en frente del Caminante Blanco para intentar que no alcanzara su destino. Igual si lo hubieran intentado con cerveza – especialidad de esta gente, huelga decirlo – lo habrían podido lograr, pero eligieron la peor de las formas: intentar profanar el Templo Merengue y sucumbieron, aunque como merece a su Órden, vendieron cara su derrota por la hegemonía europea.

Así que, el próximo sábado y tras más de ocho meses, por fin, el Camino llega a su fin. Espera el Liverpool FC, los del “You´ll never walk alone”, los de Anfield, los de las cinco Copas de Europa, los de los Beatles, los de Ian Rush, John Barnes, Salah, Kenny Dalglish, Gerrard, Keegan o Grobelaar y los de Jürgen Klopp. Otro hueso, vaya.

Porque sabiendo que va a ser muy difícil como ha sido toda esta competición pese a lo que nos cuenten en los mentideros que hablan de “bandas”, de “equipos de viejos” y otros epítetos similares, como os refería al principio las sensaciones van sucediéndose como un carrusel, y he ido pasando de la alegría inmensa por la clasificación ante el Bayern en semifinales, a la pena de ver que mi solicitud de poder disfrutar de la Final en directo no resultaba agraciada en primera instancia, a la preocupación ante el juego desplegado por el Liverpool frente a Manchester City, al temor ante el esguince que le produjeron a Cristiano en el Clásico a la esperanza al enterarme leyendo sobre la Historia de la ciudad de Kiev que fue tomada nada menos que por ¡¡ Los Vikingos !! durante el siglo IX y por último, al orgullo de poder formar parte de un Club que hace dos días se proclamaba por Décima vez Campeón de Europa de baloncesto y que está ante una ocasión pintiparada de hacerlo por Decimotercera en fútbol – tercera consecutiva – dejando un “doblete” de los que sí quedan en los libros para siempre. Y orgullo también por supuesto de tener el placer de contaros este Camino realizado hasta aquí y de que algún desaprensivo me haya permitido poder compartirlo con vosotros. #RoadToKiev #HalaMadrid

Texto: @pepo2204

Foto Portada: AS

News Reporter
Colaborador de #MadridistaReal

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