#BlancoYEnBotella | ¡¡El Apocalipsis va a llegar!!

Es curioso ver cómo, una vez que los malos resultados han aparecido, el madridismo cenizo y apocalíptico ha vuelto a salir de la cueva y a pregonar la llegada de las Siete Plagas bíblicas en el seno del club.

Apenas han hecho falta tres empates, dos de ellos sin un mal juego, y un par de derrotas (una en Liga ante el Sevilla, dolorosa y triste y la del martes ante el CSKA) y, de repente, todos los agoreros y apologetas del Juicio Final ya han descartado a su equipo no ya de la lucha por los títulos sino que casi lo sitúan en la lucha por el descenso y al borde de la desaparición institucional.

De nada sirven los ejemplos de años posteriores. No, no escarmientan. En la temporada 2016/2017, sí, la temporada en la que ganamos cinco de seis títulos posibles, entre ellos un doblete histórico en Liga y Champions, pasó algo parecido por esta época.

Recuerdo la famosa “fiebre amarilla” de la que se mofaban en la Prensa del Régimen de cómo se le habían atragantado los equipos de color amarillo (Las Palmas, Villarreal y Borussia Dortmund, con los que empató de forma consecutiva), a lo que siguió un empate en casa con el Eibar.

Aquello fue algo parecido al Fin del Mundo. Como si de Fernando Arrabal en pleno éxtasis etílico en aquel inolvidable programa de Sánchez Dragó se tratase, todos los agoreros y cenizos saltaron a la yugular de Zidane, de Florentino Pérez y hasta del Papa Francisco, con la cantinela de “han tirado la Liga en septiembre”, “una Liga de ocho”, “este Madrid es de perdedores”…

Afortunadamente, todos vimos cómo acabó aquella temporada y, también y por desgracia, la pila de palos que nos dieron por defender entonces que había que tener confianza en ese grupo (que además venía de una temporada casi en blanco con Ancelotti) y que las notas, como en el colegio, había que darlas en junio de 2017 y no en septiembre de 2016.

Y algo parecido ocurrió el pasado año cuando, también por esta época del año, el Real Madrid de Zidane caía con estrépito en la Champions ante el Tottenham en Londres, tras un triste empate a uno en el Bernabéu y se clasificaba segundo de su grupo.

En paralelo, en el mes de septiembre, el Arminiato en pleno, nos dejaba fuera de la lucha por el título tras varios arbitrajes perseguibles de oficio en los que los “Tres Tenores” del arbitraje antimadridista como Fernández Borbalán, Hernández Hernández y Mateu Lahoz, acompañados de otro ilustre enemigo del Madridismo como Undiano Mallenco, nos machacaron sin piedad aprovechando la impunidad de la ausencia del VAR.

Fernández Borbalán rodeado de jugadores azulgranas protestando | Foto: REUTERS Vincent West

Al mismo tiempo, todos los árbitros de cámara del Barça le abrían una y otra vez las puertas en partidos complicados, a base de conceder goles en fuera de juego clamorosos (Espanyol), con balones que salían medio metro por la línea de fondo (Málaga), de penaltis harto dudosos (Alavés) o perdonándoles expulsiones, penaltis y concediéndoles goles ilegales (Getafe), por citar así de carrerilla unos cuantos ejemplos, simultáneos a los “pinchazos” del Real Madrid en el inicio de aquella Liga.

Curiosamente, estos mismos olvidaron que en la temporada 2014/2015 el Real Madrid arrasaba a todo el mundo por esta época del año, se paseaba por la Liga y por Europa, igualando el récord de victorias consecutivas y acabó con un año casi en blanco.

Pero volviendo al año  pasado, no paro de insistir que, llevados por ese maldito “yoyadijequeísmo” este madrisimo pesimista y cenizo prefirió atacar al equipo  (que también tuvo lo suyo pero no toda la culpa de la debacle liguera) en vez de poner en solfa la credibilidad de la propia competición, adulterada hasta las cachas, cuando no nos dejaron ni ser segundos, tras los manifiestos atracos en el Bernabéu ante el Atlético y, sobre todo, en el Nou Camp ante el Barça.

Así pues, para esta gente, no sólo habíamos vuelto a “regalar” una Liga sino que, tras conocerse que nuestro rival en octavos iba a ser el imbatible PSG de Mbappe y Neymar, aquellos tres eternos meses transcurridos entre la finalización de la fase de grupos en diciembre y el partido de ida en Madrid ante el todopoderoso equipo galo a finales de febrero, fueron un completo infierno.

Desde porras apostando por cuántos goles nos caerían en ambos partidos hasta mofas, befas, escarnios, faltas de respeto sistemáticas a nuestros jugadores por parte de ese madridismo que tan bien definió como “vinagre” el gran @jorgeneo, esos meses fueron insoportables.

De nuevo palos y más palos, bajo la tacha de ser considerados peligrosos oficialistas a los que  simplemente creíamos en los nuestros y volvíamos a decir que había que tener paciencia y esperar a ver cómo acababa la temporada.

El resultado, un año más por cuarta vez en cinco años, todos esos que se daban golpes de pecho y daban por finiquitada la temporada en febrero, de nuevo en Cibeles a celebrar otro título… y de nuevo, y en fila india, al fondo de la cueva.

Pues bien, han faltado unos pocos malos resultados, exactamente igual que en años precedentes y en las mismas épocas del año, de nuevo vuelven a salir de las cuevas y yo, desde esta atalaya me permitiría recordarles que es mejor esperar, que el creer en el colectivo y pensar que hay datos positivos que se pueden extraer de todo esto, especialmente en un proyecto nuevo como éste, antes de aventurarse en juicios de valor.

Que tener paciencia y ver la botella medio llena, incluso a pesar de partidos tan deleznables como el de Sevilla, por actitud, o el del CSKA, por juego, así como por el hecho de exigir ceses y pedir que rueden cabezas desde la presidencia al último utillero en cada empate, no les va a hacer menos madridistas.

Y que si por esta gente fuese, habríamos vendido a Cristiano Ronaldo al acabar la temporada 2009/2010, al que freían a base de pitos incluso bien entrada su etapa en el club. Y nos habríamos deshecho de Zidane al mes y medio de haber llegado.

Porque sí, mucho echar de menos al francés, pero no se acuerdan de la sarta de barbaridades que se llegó a decir de él en sus primeros partidos como técnico blanco, hasta que tocó fondo el día de su derrota en el Bernabéu ante el Atlético y muchos pedían ponerle en la frontera de La Junquera esa misma noche.

Y que una autoexigencia mal entendida no les va a hacer entrar el Reino de los Cielos blancos antes que a aquellos que, especialmente en base a la experiencia de otros años, tanto positiva como negativa, por estas épocas decíamos, una vez más, que las notas hay que darlas en junio. Tanto al equipo y Lopetegui, del que muchos ya piden su cabeza, como al propio club.

Pero claro, es más fácil y barato pasarse una temporada diciendo que “yo ya dije que esto iba a pasar” y sacar pecho en junio que hacer el ridículo después y acabar en el fondo de una cueva más profunda que la Fosa de las Marianas.

Texto: Diego J. Montero

News Reporter
Colaborador de #MadridistaReal

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