#BlancoInmaculado | Saber sufrir

Este partido seguro que lo habríamos perdido hace 10 o 15 años. Un Bayern con Salihamidzic, Effenberg, Jeremies y Elber, jugadores de mucha menor calidad de los que ha alineado hoy Heynckes, nos ganaba año sí y año también, sobre todo como locales. En estos partidos, ya no estamos hablando de calidad, de virtudes técnicas. A un Real Madrid y a un Bayern de Múnich la inmensa calidad y muchas más cualidades se les dan por hechas, pero estamos hablando de algo más. De mucho más.

“Saber sufrir”. Prácticamente han dicho la misma frase el gran capitán Sergio Ramos, nada más pitarse el final del partido, y minutos después ya en rueda de prensa se ha expresado igual Zinédine Zidane. Esa es la clave de este Real Madrid. Nuestro equipo ya sabe sufrir en Europa, desde hace bastantes años ya. Lisboa, Milán, Múnich (varias veces), Manchester, el Calderón, Cardiff, París, Turín, han supuesto auténticas reválidas a altísimo nivel, año tras año, semifinal tras semifinal, final tras final que han conseguido endurecer hasta casi el infinito el caparazón de nuestros gladiadores.

Ramos el primero. Se transforma en estas ocasiones. No pierde la concentración ni una sola décima de segundo, y eso le ocurre de manera mágica en los grandes escenarios. Incluso en un partido como el de anoche, en el que fuimos dominados en dominio de la pelota, en ocasiones, en córners, en ningún momento se puede achacar a los nuestros una falta de concentración. Intensidad y todos a remangarse. Otro buen ejemplo fue Cristiano, partiéndose la cara primero con Hummels y con Boateng, luego también con Süle tras la salida de Boateng, muy solo arriba pero fajándose como el que más y ayudando en defensa especialmente a balón parado, el mayor peligro de los bávaros, la pesadilla de todos nosotros durante la primera parte en particular.

Partido solidario de todos, con un Carvajal bailando con “la más fea” (y no es un chiste facilón), Franck Ribéry, 35 años y cuyo depósito de gasolina parecía ilimitado. Varane imperial. Marcelo que parecía iba a padecer la pesadilla de Robben, pero a los 8 minutos se quedó sin su pareja de baile y no por ello dejó de sufrir las acometidas de Kimmich, pero que abrió el cielo al Madrid cuando peor pintaba la cosa, al filo del descanso lanzaba un prodigioso zurdazo al palo largo de Ulreich. Un enorme Keylor en la segunda mitad, que nos hizo olvidar el gol en centro chut del propio Kimmich (bastante afortunado por cierto) con varias atajadas de gran mérito, incluso en disparos desde prácticamente el área chica. Mucho trabajo en la medular, muchos galones, muchos litros de sudor, espolvoreados con las gotas de Chanel número 5 de Luka Modric, más la garra y la velocidad de Lucas y el arte de Asensio definiendo con madurez (como el año pasado en Madrid ante Neuer) ante Ulreich. Casemiro, Kroos, todos aportaron. Y en la rueda de prensa de Zidane nos enterramos que Isco jugó muy dolorido el primer tiempo y pese a todo aportó en las pocas llegadas de los nuestros.

Partido de oficio, casi de sudor y sufrimiento, muy churchilliano, de poca vistosidad y de enorme eficacia.
Heynckes estuvo muy valiente de primeras, pero realmente a su equipo le vino hasta bien el problema muscular de Robben, ya que su equipo encontró mucho más equilibrio con Thiago. James cumplió con su papel de “peligroso ex” y fue realmente el faro que creaba peligro y huecos en su equipo. Magníficamente respaldado por Ribéry y no tanto por Lewandowski y Müller, muy grises en el área pese a que el esférico merodeó mucho por las inmediaciones de Keylor.

Pero el Bayern no está muerto. El resultado es el mismo de la temporada pasada, con una peor impresión de los nuestros comparada con la prestación de 2017. Heynckes hace a los suyos más competitivos que Ancelotti, el viejo zorro también “sabe sufrir”. Esperemos que lo de Carvajal se pueda sanar rápido aunque apenas quedan cinco días para la vuelta. Tampoco sabemos si Alaba, Boateng y Robben estarán en el Bernabéu, aunque lo del central de origen ghanés pintaba mal.

No habrá confianzas por parte de los nuestros, la lección de la Juventus aún está muy reciente. El Bernabéu debe ser como en los viejos tiempos nuestro duodécimo jugador. Y Zidane, que una vez más ha demostrado no casarse con nadie, ni siquiera con su supuesto “favorito” Benzema, seguro que sabrá plantar cara a las huestes bávaras, a quien cuesta tantísimo doblegar. Siempre.

Texto: @AthosDumasE

Foto: UEFA Champions League 

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