#BlancoInmaculado | Plegarias para espantar la pesadilla

Llega el temido parón de selecciones del mes de marzo. Más temido que otras veces, ya que 2018 es año de Mundial, y todos los jugadores cuyas selecciones están clasificadas para Rusia quieren lucir sus mejores galas y no perderse la cita veraniega.

Tengo que decirlo ya: soy una persona profundamente anti-selecciones nacionales. Especialmente en fútbol. Los Mundiales y las Eurocopas no me dicen absolutamente nada, aunque he de reconocer que, a partir de los cuartos de final, sí que suelo seguirlos. Me gustó ver a Zidane golear a Brasil en 1998, disfruté con la victoria española en Johannesburgo, gocé con el gol de Götze que hizo hincar la rodilla a la rácana Argentina de Messi. Y poco más. No soporto las interminables fases de clasificación, que entorpecen los campeonatos de clubes varias veces al año: en agosto-septiembre, en octubre, en marzo, a veces salpican a más meses diferentes.

¡Y qué decir de los parones de selecciones para partidos amistosos! Los clubs de fútbol pendientes de un hilo para que sus principales jugadores no sufran desgarros musculares o entras violentas o simplemente un mal pisotón. Es obvio que son los clubs los que corren con todos los costes que conlleva un jugador: formación, fichaje, prima de fichaje, fichas, sueldos, incentivos varios por consecución de objetivos. Todo puede irse al traste si hay lesión durante un partido de selecciones, ya sea amistoso u oficial, ya sea trascendente o intrascendente.

Los jugadores, obviamente, acuden gustosamente a las llamadas de sus seleccionadores, a nadie le amarga un dulce, ya que una fase final de Mundial o de Eurocopa puede revalorizar su contrato con su club o propiciar un jugoso traspaso a un equipo con más ambiciones o, simplemente, con más dinero. En este sentido, los jugadores son aún más egoístas que de costumbre, pero es que, además, la legislación vigente les ampara y les protege. Es más, pueden tener problemas si no acuden a la llamada de la selección respectiva.

A los que somos aficionados de clubs, y no de selecciones, ¿qué nos queda por hacer entonces? Particularmente, rezar, y poco más. Rezar y elevar nuestras plegarias para que, en el caso de los madridistas como yo, nuestros 20 jugadores de la primera plantilla que partieron el lunes pasado a sus diversas concentraciones, regresen sanos y salvos de sus periplos, algunos tan estrambóticos como el viaje de Gareth Bale a China, nada menos que 30.000 kilómetros para un par de amistosos. Pero es igual el rival. Al aficionado medio, obviamente, le puede resultar atractivo un España-Alemania, un Rusia-Brasil o un Francia-Colombia, pero para los amantes en exclusiva del Real Madrid (amor fiel y único, que no acepta adulterios ni siquiera coqueteos con otros equipos o selecciones nacionales), lo único que cuenta no es que jueguen Lucas Quinto o Nacho Fernández estos partidos, sino que los merengues regresen a Valdebebas en plena forma para afrontar los retos que quedan de la temporada, en particular ese duelo a vida o muerte entre los nuestros y la Juventus de Turín.

Estos días de parones lo único que aportan son rumorologías estériles o entrevistas con los nuestros no para hablar de la Roja o de les Bleus o de la Canarinha, sino para tratar de conseguir titulares estentóreos contra Zidane o contra quien sea.

Para mí, está claro que de septiembre a mayo (o quizás abril, puedo ser tolerante), no debería de haber de ningún modo partidos de selecciones, ni oficiales, ni amistosos, y se debería de utilizar los meses de junio y quizás de mayo para zanjar hipotéticas clasificaciones para los grandes eventos (Mundial, Eurocopa, Copa América, etc) y también de preparación para dichos campeonatos. A no ser, teoría absurda, que las selecciones se encargaran de pagar 1/3 de las fichas de los jugadores, y no ceñirse exclusivamente a pagar sueldos en caso de lesiones graves. Ese debate es imposible, por supuesto. Pero confeccionar un calendario en el que se delimiten claramente (y sin interrupciones) las competiciones de los clubs y las de los combinados nacionales sí que es un debate factible pero en el que las distintas federaciones nacionales hacen la vista gorda desde hace décadas.

Hoy, como tantas otras veces, elevaré mis plegarias por los nuestros. Si además, como Bale ante China, marcan hat-tricks, me alegraré por ellos. Si no, me es completamente indiferente. Todo esfuerzo de los jugadores madridistas debería de estar centrado en los días 3 y 11 de abril. Ya tendrán tiempo en pensar en el Mundial de Rusia. Y también en el de Qatar (¡horror!, ¡se avecina hacerlo en invierno!).

Texto: @AthosDumasE

Foto: ESPN 

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