#BlancoInmaculado | La BB apareció….y la C sorprendió.

Tras un primer tiempo francamente mediocre, con un Real Madrid amedrentado por la intensa presión altísima del Liverpool, y en donde las únicas notas destacables fueron las salidas del terreno de juego de Salah, con fuertes dolores en su hombro y de Carvajal, por problemas en el tobillo, la segunda mitad recordó en parte a la exhibición de los blancos en 2017 en Cardiff.

Fundamentalmente el equipo se sostuvo por un enorme recital de Luka Modric, al que secundó el capitán Ramos y su escudero Varane, con algunos destellos de Marcelo y un Benzema que sostuvo una digna batalla con los centrales Lovren y Van Dijk.

La segunda parte comenzó con una mejoría de Isco y con un mejor tono tanto de Casemiro como de Kroos. El Liverpool ya no agobiaba tanto, Lallana no mejoraba en nada a Salah y solo Mané creaba cierto pánico en las filas blancas ya que Firmino pasó desapercibido.

Benzema, como hace tres semanas ante el Bayern – y también ante una víctima de nacionalidad alemana, esta vez Karius – adelantó en una pillería ratonil a los nuestros. Como otras veces, la valiosa ventaja se evaporó en apenas cinco minutos con un fallo defensivo en cadena en un saque de esquina que permitió a Mané fusilar a Keylor a quemarropa.

Era volver a empezar, aunque la impresión de superioridad madridista se hacía sentir. Isco tuvo dos claras oportunidades, entre ellas un larguero, antes de ser sustituido por lo que fue la decisión con mayúsculas de la final de Kiev: la entrada de Bale. A los pocos minutos, con un insistente dominio blanco, Marcelo regaló un caviar de los suyos al borde del área pequeña que Bale en un prodigioso escorzo transformó en una chilena ganadora. Aún Mané consiguió de nuevo asustar a los 15000 madridistas – en minoría ante casi 30000 reds- con un lanzamiento al palo derecho de Keylor. Cristiano, que tuvo una triste noche, posiblemente agravada por la no correcta curación de su esguince de hace 20 días en el Camp Nou, seguía intentando anotar pero desperdiciaba ocasiones y no lograba superar a los defensas en ninguna carrera. Al contrario, Bale hacia un trabajo descomunal apoyando a Nacho en el lateral derecha y saliendo como una centella por su carril a pierna cambiada. En una internada, el galés probó suerte en un latigazo desde treinta metros que Karius, en una maniobra torpe y de portero mediocre, no supo atajar con un despeje a manos abiertos en lugar de con los puños cerrados. Ahí murió el Liverpool, que apenas llegó a inquietar al costarricense Navas.

Tercera Champions consecutiva de Zidane, alegría enorme de todos los que gozamos de la final en Kiev, este equipo es leyenda ya con jugadores como Carvajal, Ramos, Modric, Marcelo, Isco, Casemiro y la BBC luciendo 4 copas de Europa como madridistas.

Lástima que Cristiano, que alcanzó anoche 5 Copas de Europa (1 con el United) empañase sorpresivamente la celebración con sus inoportunas declaraciones, más propias debidas a su mediocre aportación- no quiero pensar en sus posibles celos hacia Bale porque alzase éste el MVP de la final – que a su deseo de abandonar próximamente el Real Madrid. Y todo esto en una maravillosa noche primaveral en Kiev, con una afición entregada y que consiguió silenciar a las huestes de Anfield (una afición colosal siempre con los suyos), y con una notabilísima aportación de las dos B mayúsculas, un enorme Benzema y un imperial Bale. El éxito no lo puede deslucir con su torpeza Cristiano. El Real Madrid demostró anoche una grandeza por encima de cualquier individualidad. Ya es leyenda viva. Y los madridistas se lo agradeceremos eternamente.

Texto @AthosDumasE

Foto: realmadrid.com

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