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El central está adquiriendo más madurez bajo la atenta mirada de un José Mourinho que confía ciegamente en él
Tras un año de aclimatamiento, con un ejército de voces críticas detrás, parece que Dean Huijsen ha conseguido cambiar radicalmente su situación en el Real Madrid. Nunca es sencillo aterrizar a temprana edad en una entidad como la de Chamartín, donde cualquier error, máxime en la defensa, se multiplica.
El zaguero malagueño no tuvo un contexto tierno en su primer curso en la casa blanca. Pero, ahora, las tornas han mutado. La clave ha sido la llegada de José Mourinho, quien ya le pudo ver de cerca durante su periplo en la Roma.
Aún se postula utópico hacer afirmaciones contundentes acerca protagonismo del que puede gozar Huijsen en este presente ejercicio. Por lo pronto, todo hace indicar que va a tener bastantes opciones de asentarse en la defensa y hacer mezcla junto a Konaté.
Al internacional con España le ha venido de maravilla recibir el dorsal número ‘4’. «Es algo que siempre soñé. Lo he dicho siempre, mi ídolo fue Sergio Ramos y para mí es un sueño poder llevarlo», confirmó el ex del Bournemouth en los canales oficiales del Real Madrid.
A falta de tres días para la puesta de largo en la Liga, frente al Espanyol (sábado, 21.00 horas), las cábalas apuntan a una pareja de centrales compuesta por Huijsen y Konaté. Tal y como sucedió el pasado domingo en Gelsenkirchen, lar en el que el Dean se apuntó un gol formidable con la testa.
Al no haber disputado el Mundial, Huijsen se incorporó a la disciplina capitalina de forma inmediata. Desde el día 1. Sin dilaciones. Llegó a Valdebebas en un estado físico fabuloso y, lógicamente, Mourinho no ha hecho caso omiso. El malagueño es consciente de que puede ser la temporada en la que se gane la confianza del madridismo. Está en su mano.