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El turco brilló con luz propia en el feudo del Ferencvaros y fue el único jugador de campo que disputó los 90 minutos
Otro día más en la oficina para Arda Güler. Con él sobre el pasto, pasan cosas. Es el acicate del centro del campo de un Real Madrid que poco a poco va recuperando a sus piezas importantes. En el segundo test de la pretemporada, la mayoría de elogios cayeron sobre el futbolista turco.
Arda irrumpió de nuevo en el once inicial de José Mourinho, que apenas realizó permutas con respecto al encuentro en Austria. Frente al Ferencvaros húngaro, el ’15’ de la escuadra blanca destapó el tarro de las esencias. Se le da de maravilla. A pedir de boca.
Con Güler en liza por delante de Valverde y Camavinga, el Madrid supo encontrar espacios en una más que corajuda zaga local. No era tarea sencilla aquello de perforar la portería. Costó bastante. Hasta que Mario Rivas, ‘made in’ La Fábrica, metió la cabeza para colocar el primero de la tarde.
La inmensa mayoría de los acercamientos del cuadro de Chamartín tenían a la perla otomana como adalid. No le pilló por sorpresa al técnico local, que no logró dar con la tecla para frenar a Arda Güler. Y es que, si el ex del Fenerbahçe activa el ‘on’, de nada sirve la pizarra o las órdenes previas.
Pese a que José Mourinho agitara la atmósfera en el tiempo de descenso dando entrada a seis jugadores, Arda continuó sobre el césped y fue el único futbolista –amén de Lunin– que disputó los 90 minutos de juego. Tan solo le faltó el gol, en mitad de una tarde fabulosa de fútbol por su parte.
En la segunda mitad, por momentos, al Real Madrid le costó conectar con Güler. Aún así, dejó más destellos de la calidad que atesora. El turco deleitó por enésima vez a la afición madridista, que es consciente de la realidad: se postula complicado que Arda se afiance en los onces titulares de cara a esta temporada. La competencia es brutal.