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El técnico salmantino rubrica su primera victoria de alto voltaje al frente del primer equipo del Real Madrid
El partido en Villarreal se presentaba como un examen exigente para Álvaro Arbeloa. En su cuarto encuentro al frente del timonel madridista, el técnico del Real Madrid exprimió tres puntos de oro molido (0-2). Consiguió que su equipo rayara un choque sublime, del minuto 1 al 90. Sin tregua. Sin resquemor. Cum laude.
Tras los envites contra Albacete, Levante y Mónaco, el elenco de Chamartín se medía por vez primera a un equipo de tronío. A la postre se pudo ratificar que el nuevo preparador blanco pasó con matrícula de honor la prueba del algodón. En los prolegómenos, había una amalgama entre dudas y, por contra, éxtasis.
La victoria en La Cerámica, donde el bloque de Marcelino tan solo había perdido en una ocasión en la presente Liga, puede ser un punto de inflexión. Una catapulta de cara a duelos venideros. A falta del FC Barcelona – Oviedo, el Madrid ocupa la cresta de la ola. El primer puesto de la tabla.
En la rueda de prensa posterior al compromiso doméstico en tierras groguets, Álvaro Arbeloa pormenorizó ante los medios de comunicación que «hay que seguir trabajando. Hemos dado una versión muy seria y sólida, pero todavía tenemos margen de mejora. No hemos tenido casi tiempo de trabajar. Ni mucho menos pienso que esta sea el techo del equipo».
El ex preparador del Castilla ya piensa en el partido de Champions de este próximo miércoles en Lisboa (21.00 horas, Orange TV y Movistar Liga de Campeones). Allí se reencontrará con Mourinho, al que siempre rinde pleitesía. El Rey de Europa tiene el top-8 a punto de caramelo, pero, para no depender del resto y soslayar el uso de la calculadora, deberá salir del Da Luz con un nuevo triunfo en la buchaca.