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El inglés convierte los pitos en gasolina y se reivindica ante el Bernabéu con una celebración llamativa
Jude Bellingham ha pasado, en cuestión de semanas, de ser indiscutible a convertirse en uno de los principales señalados del mal momento del Real Madrid. Solo Vinicius ha concentrado más críticas que el centrocampista inglés, que en el partido ante el Levante ya sintió de forma clara el descontento del Santiago Bernabéu. Los pitos fueron constantes, especialmente cada vez que entraba en contacto con el balón, reflejo de una afición cansada y exigente que busca responsables en una temporada irregular.
Más allá del terreno de juego, el foco se desplazó hacia su vida personal. Parte de la prensa y, sobre todo, las redes sociales construyeron un relato en torno a supuestos excesos nocturnos, fiestas y alcohol. Un ruido constante, sin pruebas, que terminó calando en el ambiente y afectando a la percepción pública del futbolista. En ese contexto, el duelo ante el Mónaco se presentaba como algo más que un partido de Champions: era una oportunidad para responder.
Y Bellingham lo hizo donde más daño sabe hacer un futbolista: sobre el césped. En la contundente victoria por 6-1 ante el conjunto francés, el inglés firmó uno de sus mejores partidos de la temporada, participativo, dominante y volviendo a marcar diferencias desde la segunda línea. Su gol, más allá del impacto en el marcador, tuvo un componente simbólico evidente: fue el punto de reconciliación entre el equipo y una grada que venía cargada de frustración.

La celebración no pasó desapercibida. Jude llevó la mano a la boca simulando beber, repitiendo el gesto en varias ocasiones, con ironía y sin esconder la intención. Fue una respuesta directa, casi desafiante, a las acusaciones que han circulado en las últimas semanas. Un mensaje claro: si el ruido existe, él lo afronta con personalidad. El Bernabéu, lejos de incomodarse, entendió el guiño y terminó aplaudiendo al futbolista.
Tras el encuentro, Bellingham no rehuyó el tema en zona mixta. Lejos de victimizarse, optó por la serenidad y el sarcasmo. “¿Mi celebración? Mucha gente dice muchas cosas”, comenzó explicando. “Parece que ahora cualquiera puede ponerse delante de una cámara, decir lo que quiera y todo el mundo le cree sin ninguna prueba”. Una reflexión que va más allá de su caso particular y apunta directamente al clima mediático actual.
El inglés fue claro sobre cómo gestiona la presión: “Yo sé la verdad, sé lo que pasa en mi vida personal, lo que doy en los partidos”. Para él, el foco debe estar en el rendimiento, no en los rumores. Aun así, reconoció que el momento tuvo un componente emocional: “El ruido exterior realmente no importa, solo ha sido una pequeña broma”.