Santillana, la mejor cabeza de Europa, por @elfutboldemarta

Saltos portentosos de los que salían imparables remates de cabeza, y de ella, goles y más goles. Hablamos del que fue uno de los mejores delanteros centros de la historia del fútbol contemporáneo, de un delantero que añadió nuevos registros a los del “clásico” delantero centro. Y como no podía ser de otra forma, este delantero no podía desarrollar su carrera deportiva en otro club que no fuese el Real Madrid, el equipo que hace gala en su nómina de mitos históricos de algunos de los mejores delanteros de la historia. Uno de ellos es él, es Don Carlos Alonso González, más conocido como “Santillana”.

Nacido en 1952 en la localidad que dió su apodo, Santillana del Mar (Cantabria), aquel chico que soñaba en fútbol desde su más tierna infancia acabaría convirtiéndose en uno de los mejores jugadores de nada menos que dos décadas: los 70 y los 80.

Cuando echamos la vista atrás y damos un repaso a la historia del mejor club del mundo, nos damos cuenta de la larga pléyade de estrellas que han pasado a formar parte del firmamento blanco. Y es que el Real Madrid ha visto pasar por sus filas a los mejores futbolistas de la historia, siendo gracias a ellos que el palmarés del club es el más rutilante del planeta fútbol. Santillana, a base de goles, fue uno de esos privilegiados que marcarían época portando en su pecho el escudo madridista.

Llegó a Madrid en 1971, y lo haría para no marcharse jamás del equipo de sus amores. Durante 17 años, toda una vida, Carlos Alonso “Santillana”, procedente del Rácing de Santander (llegaría a la disciplina del Real Madrid con tan sólo 19 añitos), dedicaría sus imponentes saltos y remates de cabeza a la causa madridista, demostrando a todos que no existía mejor rematador de cabeza que él, convirtiéndose en poco menos que una institución en este aspecto del juego.

Un chaval de provincias nada menos que en la capital de España. Un nuevo talento que pisaba Madrid con la ilusión de compartir vestuario con jugadores de la talla de Amancio Amaro, Velázquez o Ignacio Zoco. La ilusión de ese chaval cántabro acabaría por verse satisfecha, ya que el niño de pueblo acabaría convirtiéndose en uno de los jugadores más queridos y aclamados del mejor equipo de Madrid, el Real.

Santillana heredó el “9” que en el pasado portasen mitos eternos como Don Alfredo Di Stefano, un carga que resultaría pesada para muchos, pero no para Don Carlos Alonso. Como el tiempo acabaría por demostrar, el “9” madridista nunca pudo estar en mejores manos que en las de Santillana. El propio Santillana recuerda cómo Amancio y Pirri bromeaban con él acerca de la responsabilidad que suponía portar el número del killer, del delantero centro, el dorsal que adquirió un nuevo significado con don Alfredo. “¡Vamos chaval, ya puedes espabilar y morirte a correr, que llevas el “9” de Di Stefano!”, esas eran algunas de las anécdotas que dejaban esas conversaciones.

Pero más allá de anécdotas, había otra persona que tenía una fe ciega en Carlos, y esa persona no era otra que el presidente, don Santiago Bernabéu. Fue el propio presidente el que se empeñó, por activa y por pasiva, en traer a Santillana al Real Madrid para colmar su sueño de verle vestido de blanco. Se dice que Santillana era el “ojito derecho” del presidente, cariño que el propio jugador confirmaría sentir de manera muy especial. Es por ello que quiso recompensar esa fe inquebrantable en sus posibilidades a base de goles y éxitos (muchos éxitos) portando la camisola blanca, esa de la que Bernabéu decía se podía manchar de barro, sudor e incluso sangre, pero nunca de vergüenza.

El palmarés de Santillana es de esos que hay que releer dos veces para conseguir retener en la memoria la abultada cifra de partidos, títulos y goles que consiguió para el club blanco. Durante 17 temporadas defendiendo el escudo del Real Madrid, Santillana logró hacerse hueco en 645 partidos oficiales y marcar 290 goles, cifras estratosféricas para un delantero de la época. Junto a Juanito formó una sociedad inigualable, consiguiendo nada más y nada menos que nueve ligas, gracias a las botas (y cabezas) de un duo lleno de calidad, garra y raza sin límites, amén de la calidad de una plantilla que no se cansaba de ganar. Los años 70 y 80 pasaron a ser la época más dorada del club, con un Santillana erigido en uno de los líderes de aquella maravillosa generación de jugadores que llevarían a las vitrinas del club cuatro Copas de España y dos Copas de la UEFA.

Su palmarés con el club blanco se completa con los éxitos conseguidos con la Roja. Fue internacional con la Selección en 56 partidos, marcando 15 goles. Defendió a nuestro país en el Mundial de Argentina (1978) y en el Mundial de España en 1982. Además fue subcampeón de Europa en 1984. De ese campeonato todos recordamos el famoso 12-1 a Malta, con cuatro de esos goles saliendo de las botas de Santillana.

El chico de pueblo creció en la gran capital como persona, pero sobretodo como futbolista. El Real Madrid puso en su mano la oportunidad de colaborar en la historia del club y aquel jovencito de pelo largo no la desaprovechó. Madridistas de todo el mundo siempre recordarán los espectaculares saltos en el borde del área, saltos que por un momento detenían el tiempo para acelerarlo después con la euforia que supone cabecear y marcar para este escudo. En 1988 decidió colgar sus botas y puso punto y final a su historia en el Real Madrid de la mejor manera que sabía, marcando un gol de cabeza en su último partido con la camiseta blanca.

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