Míchel, un extremo de los de antes, por @elfutboldemarta

Esta semana le toca a él, a Míchel. Son muchas las Leyendas Blancas de las que hablar, pero hoy queremos hacerle un pequeño homenaje a él. ¿Os imagináis por qué?

Por sus venas corre sangre blanca desde pequeño y hasta hoy en día, incluso siendo entrenador de otro club, el Málaga CF, da un empujón al Real Madrid cuando más lo necesita.

El pasado fin de semana Míchel conseguía con el conjunto andaluz tres puntos ante un FC Barcelona que desaprovechó el empate de los nuestros contra el Atlético de Madrid. Un Míchel sonriente confesaba en rueda de prensa que “el Madrid no necesita ayuda, porque va a ganar LaLiga, pero si un madridista malaguista le puede echar una mano, mejor”.

José Miguel González Martín del Campo nació en Madrid el 23 de marzo de 1963. Un madrileño que pronto mostraría su destreza con el balón por todos los campos de la capital y hasta pisar el que marcaría toda su vida, el Santiago Bernabéu.

Canterano desde los 12 años, creció y aprendió del mejor fútbol, y se nutrió de los mejores valores. Pronto el Real Madrid se convirtió en su casa, y un Míchel que estrenaba mayoría de edad subía el primer escalón hacia la gloria en 1981. Tenía 18 años y debutaba en el Real Madrid Castilla, equipo en el que pronto empezaría a escribir su historia madridista. Allí coincidió con lo que más tarde sería el futuro del Real Madrid, un cuarteto que junto con él formaban el mejor grupo de jugadores salido de la cantera visto hasta entonces. Míchel formó parte de La Quinta del Buitre, de la que os hablamos la semana pasada a través de su abanderado, Emilio Butragueño.

El madrileño regalaba pases de gol a diestro y siniestro, empujando a compañeros como Hugo Sánchez e Ivan Zamorano a aumentar sus estadísticas de gol. Manejaba el balón con las dos piernas pero en especial con la derecha, en la que se decía que tenía un guante, por la precisión y la efectividad de sus pases desde el centro del campo y los laterales. Estos pases y la pasión con la que defendía el escudo le llevaron a debutar con el primer equipo en 1982. Un Míchel de 19 años saltaba al campo del C.D Castellón para anotar el gol que daba la victoria al equipo blanco (1-2). Rasgo común en muchas de nuestras Leyendas, pisar fuerte en el debut para dejar huella para siempre. Pero no sería hasta 1984 cuando Míchel se afincaría de forma definitiva en el primer equipo.

Nada más y nada menos que 559 partidos oficiales llegaría a disputar con la casaca blanca el por entonces joven canterano, que en esa época no hubiera imaginado que se retiraría del equipo de sus amores dejando atrás cientos de porterías perforadas con sus 130 goles. Goles que supusieron títulos, y es que el palmarés de Míchel cumple con la cantidad necesaria de Copas y Trofeos que permiten considerar a un jugador del Real Madrid toda una leyenda.

Dos copas de la UEFA, 6 Ligas (cinco de ellas de manera consecutiva formando parte de la Quinta del Buitre), dos Copas de España y cuatro Supercopas de España. Un palmarés al que se suma su paso por la Selección Española de Fútbol. En la roja, Míchel disputó 65 partidos y marcó 21 goles. Defendió a España en dos Mundiales, el de México (1986) y el de Italia (1990), siendo recordada su exhibición ante Corea del Sur, combinado al que anotó un hat-trick.

Decidió poner fin a su historia en el Real Madrid en 1996 tras 19 años vistiendo la camiseta blanca y defendiendo como pocos nuestro escudo. Míchel dejaba una huella imborrable en el club de su vida con una promesa pendiente: volver algún día al club de sus amores. Antes de retirarse definitivamente del fútbol, el “8” madridista regaló una temporada más a todos los aficionados, disputando una temporada en México defendiendo los colores del Atlético Celaya, etapa tras la cual Míchel decidió colgar las botas de forma definitiva. Su carrera futbolística no terminaría aquí, puesto que quería seguir pisando la alfombra verde, esta vez desde una perspectiva muy distinta, la del entrenador.

Y no le ha ido nada mal. Se estrenó en casa, en Madrid, entrenando al Rayo Vallecano. Valdebebas quedaba cerca así que Míchel regresó al que había sido su hogar durante dos décadas para entrenar al Real Madrid Castilla. Ha dirigido también al Getafe CF, al Sevilla, al Olympiacos, al Olympique de Marsella y actualmente volvemos a disfrutar de él en la Liga Española, en la cual entrena y defiende los colores del Málaga CF.

Un hombre con carácter dentro y fuera del campo, en su época como jugador fue protagonista de más de una acción polémica tanto con entrenadores como con la afición. Nadie olvida aquel gesto al Pibe Valderrama que supuso un aluvión de críticas, de las cuales supo salir airoso, dejando claro que son cosas que pasan en el terreno de juego. Un gesto para plasmar en el libro de anécdotas del fútbol español. Anécdotas y polémicas a parte, su magia en los pases, su diestra pegada al balón, su templanza y su calidad hacían de él un jugador muy querido por el madridismo, un jugador que ya es Leyenda Blanca.

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