La previa de @antoninomora: Todo a una carta

Apenas unas cuantas decenas de horas quedan para el partido más importante de este 2018 que acaba de comenzar, el encuentro donde el proyecto más ilusionante que se recuerda se juega todo a una carta. Parecía imposible en septiembre pero, tristemente, así está la situación y con ella tenemos que lidiar.

Recuerdo la euforia de la Supercopa de España como si de ayer mismo se tratase. Aún puedo vislumbrar las manos en la cabeza de dos docenas de personas que coreaban en el bar donde yo me encontraba los goles de un Real Madrid que se plantaba en el Camp Nou sintiéndose el mejor equipo del planeta y demostrando al mundo entero que así era en aquel momento. Cómo cambia la cosa en medio año, quizá por eso el fútbol sea tan grande, quizá sea por eso, porque no conozco otro deporte en el que se puedan dar giros tan grotescos en tan breve periodo de tiempo.

El mismo equipo que se paseaba contra sus rivales con los últimos coletazos del verano, hoy parece arrastrarse por el fango cuando más aprieta el crudo invierno. Aquel jugador de balón de oro y siete a la espalda hoy está lejos de su mejor forma y sus compañeros en ese temido ataque que dominaba el planeta fútbol parecen seguirle el ritmo decadente de una no menos alicaída melodía.

Y ahora, encima, nos viene el PSG.

Se acercan galopando, allá por el horizonte, los Neymar, Cavani y Mbappé de compañía,  y eso infunde temor hasta el más grande de los equipos. Sus datos, escalofriantes; sus jugadas, alucinantes; su estado de forma, absolutamente brutal. El Madrid inmerso en una semi crisis de juego y, sobre todo, de resultados y, de repente, te viene a intentar despojar de tu corona de doble campeón de Europa uno de los tres equipos más en forma del viejo continente. A cualquier otro le daría por coger las maletas y huir rápido en el primer tren que partiese de la estación, pero nosotros somos el Real Madrid… y eso lo cambia todo.

Porque el Real Madrid es más grande que cualquier crisis, que todas ellas juntas. Mucho más. Muchísimo más. No conoce miedo porque su escudo infunde temor, no consiente el amargor de la derrota porque ha probado tantas y tantas veces las mieles de la victoria que siempre quiere más, como si fuese dependiente de ella, como si no pudiera vivir sin ganar. Sus jugadores pueden llegar tocados pero su estadio, en las grandes citas, jamás deja de alentar. Ningún otro campo del mundo anima como lo hace el Bernabéu cuando tienes ganas y se decide a animar. Su historia puede más que su presente y su futuro, para todos los demás incierto, está plagado de éxitos, triunfos y trofeos que conquistar. El Madrid no gana por el escudo pero sí comienza las eliminatorias con la certeza de que, por muy mal que llegue a ellas, no existe un equipo en toda la faz de la tierra que pueda dar más de sí que el que ha ganado más ligas y Copas de Europa que cualquier otro.

Pundonor, sacrificio y dejarse la piel por la camiseta que visten y por los millones de personas que el miércoles alentaremos a los once gladiadores que Zidane crea oportuno sacar a jugar, eso es lo único que les pido a todos los que tengan en inmenso honor de representar al Real Madrid en la única carta que, parece, nos queda por jugar. Todo a una mano, un all in en toda regla es lo que nos viene y ahí, queridos amigos, aparte de la fiereza y las ganas con las que se juegue, influye mucho la suerte. Por suerte, nunca mejor dicho, esa misma fortuna favorece a los grandes y no existe, ha existido ni a buen seguro existirá, un equipo de fútbol más grande que el Real Madrid. Así que, sabiendo de la dificultad que entraña la eliminatoria, confíen en que todo lo grande está por pasar porque si alguien puede resarcirse de lo malo hecho en cinco meses ese es el club más colosal que el mundo conoce, ha conocido… y jamás conocerá.

Autor: @antoninomora

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