#LaBoticaMadridista | Único testigo

Tarde primaveral, un cielo teñido de azul cubre un parque bastante concurrido. En él, dos ancianos sentados en su banco de siempre charlan amistosamente sobre fútbol, su gran pasión.

– Estuvieron cerca los del Bayern de dejarnos sin otra final.

– Bueno, los chicos estuvieron bravos, pelearon con todo.

– Ni que lo digas, fue un partido de los de toda la vida, auténtica copa de Europa.

– Los alemanes siempre nos complican, pero… –dudó-.

– Sí, lo sé, ahora han cambiado las tornas, este equipo recuerda a otra época –se quedó pensativo-.

Ambos siguieron enfrascados en su conversación. Como suele pasar con los ancianos, se retrotrajeron en el tiempo, recordando unos años que a los dos les quedaban ya lejos, pero que recordaban como si no hubieran pasado los días.

– ¡Qué tiempos aquellos! El Madrid de las cinco copas, qué manera de jugar, qué forma de dominar Europa.

– Ay, amigo, cómo olvidar esa final contra el Eintracht de Frankfurt, 7-3 nada más y nada menos –exclamó alzando las manos-.

– Aún hoy siguen diciendo que es la mejor final de la historia.

– Eran otros tiempos, el fútbol ha cambiado mucho –dijo con nostalgia mientras se colocaba bien la gorra-.

Las horas pasaban pero ninguno tenía prisa por moverse de allí, su Real Madrid los podía tener sumergidos en la conversación todo el día.

– Después de la sexta copa de Europa, ¿quién iba a pensar que vendrían tantos años de sequía?

– Se hicieron eternos, yo ya había asumido que no vería la séptima.

– Y hubo grandes plantillas, la quinta del Buitre la mereció como el que más.

– Aquella eliminatoria contra el PSV… Era el momento –sentenció lamentándose-.

– Pero el balón ya sabes que es caprichoso.

– Para que luego hablen de las deudas del fútbol. ¡Menuda mamarrachada!

Nada distraía a la pareja de su tertulia. Intercambiaban opiniones, anécdotas, reían e incluso, en algún momento, se emocionaban. Parecían estar viviendo cada final disputada por el equipo blanco.

– ¿Recuerdas la final de Ámsterdam? Aquella no pudimos verla juntos.

– Imposible olvidarla. Una de las copas más esperadas por el madridismo.

– Ese gol de Pedja… –vaciló por un instante-.

– ¿Te encuentras bien? –preguntó preocupado-.

– Sí hombre, es que aún me emociono cuando veo el balón entrando en la portería.

– Te estás haciendo mayor –ambos rieron-.

La gente empezaba a marcharse, la tarde había refrescado un poco, pero a ellos parecía no importarles. Seguían desgranando la historia del club de sus amores, de tantas copas de Europa vividas. La octava contra el Valencia, la Novena y el golazo de Zizou…

– La Décima fue algo increíble también.

– Otro parto, compañero, puro Real Madrid.

– Ese gol de Ramos lo cambió todo, no sólo aquella final.

– Desde luego, fue el preludio de esta segunda época tan gloriosa. Quién sabe qué hubiera pasado si aquel balón se llega a marchar fuera –se quedó mirando el reloj, como si todavía estuviera en aquel tiempo de descuento-.

– Afortunadamente no pasó, y nos llevamos la orejona para casa.

– Y desde entonces, prácticamente no nos hemos separado de ella.

– Y eso que nos entrena un tío que no le ganó a la Roda –dijo mientras soltaba una carcajada.

– Calla, calla –masculló también entre risas-. Ese hombre es el rey Midas, todo lo que toda lo convierte en Champions.

– ¿Qué me dices de los penaltys en Milán?

– No me lo recuerdes, jodío Lucas Vázquez, cómo se puede tener esa tranquilidad –se preguntó incrédulo-.

El Sol empezaba a ponerse y en aquel parque casi no quedaba ya nadie, solamente ellos, sus recuerdos y sus vivencias.

– Y este año a Kiev. Sería la leche volver a ganar la copa por tercer año, después del meneo a la Juve en Cardiff.

– No va a ser fácil, pero nunca lo fue.

– Estos del Liverpool corren como leopardos –dijo medio temeroso-.

– Sí, pero en frente hay un león, que es el rey de esta selva. El muchacho ese, Cristiano, es una fiera. Está haciendo historia, al nivel de aquel chaval argentino que vino de Millonarios.

Su amigo lo miró un instante, sin saber qué contestar y ambos se volvieron a reír juntos. Casi había oscurecido y las farolas del parque empezaban a brillar.

– Parece que se ha hecho un poco tarde.

– Bueno, todavía hay tiempo. Mira, por ahí viene Ricardo. ¿Le tiramos unos penaltys?

– ¿Ya quieres perder otra vez? –preguntó jocoso-.

– Un buen madridista sólo habla en el campo, ya lo sabes –le recriminó-.

– ¿Es que me vas a dar una santiaguina?

– Siempre que haga falta, ya lo sabes. Dale, Alfredo.

– Usted primero, Don Santiago.

Y los tres se perdieron entre aquellos árboles, con un balón entre los pies como habían hecho miles de veces, listos para disfrutar juntos de su gran pasión, el fútbol, mientras esperaban a que su querido Real Madrid regresara con la Trece bajo el brazo y así poder seguir contando finales en aquel banco, el único testigo de aquellas mil y una historias.

Texto: @boticario_81

Foto Portada: La Opinión

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