Davor Suker, olfato goleador llegado de los Balcanes

Si de algo puede presumir el Real Madrid es de haber tenido en sus filas a algunos de los mejores delanteros de la historia: Emilio Butragueño, Hugo Sánchez, Carlos Alonso “Santillana”, Iván Zamorano… todos ellos delanteros de distintos perfiles, pero con un único objetivo: el gol.

Nuestro protagonista de hoy llegó al mundo un 1 de Enero, allá por el año 1968. Osijek, ciudad del este de Croacia y famosa por la ocupación por parte del imperio de los Habsburgo, albergó el nacimiento de un bebé que con el paso de los años pasaría a la historia por su talento y su capacidad de perforar las redes rivales con un balón de fútbol en sus botas.

Ese bebé llevaría por nombre Davor, y por apellido Suker. Un Suker que no tardaría demasiado tiempo en demostrar su amor por un balón de fútbol en el equipo de su Osijek natal. Tan arrolladora fue la irrupción del pequeño Davor que el equipo más grande de Croacia, el Dinamo de Zagreb, no tardaría en fijarse en él e incorporarlo a sus categorías inferiores en el año 1989.

Un conflicto bélico como fue la Guerra de los Balcanes hizo que un joven Suker tuviese que tomar la decisión de escapar de tan delicada situación para poder seguir haciendo lo que mejor se le daba: marcar más y más goles. El siempre caprichoso destino deparó una parada fundamental para que el apellido Suker se convirtiera en mítico para todos los aficionados al fútbol: Sevilla.

En el conjunto hispalense, por el que fichó en el verano de 1992, disputó cuatro temporadas en las que anotó 76 goles en 153 partidos, cifras nada desdeñables si tenemos en cuenta que debía competir contra equipos de nivel superior como el Barcelona o el propio Real Madrid.

Esas cifras goleadoras eran sólo la punta del iceberg de un jugador que hizo del control en un sólo tiempo un arte. Con una zurda que bien podría asimilarse a un riflo de francotirador por su extraordinaria precisión y una exquisita capacidad técnica para hacer de la finta y el regate en corto un arte catapultaron a Suker hacia su siguiente parada, la que elevaría su nombre al olimpo futbolístico: el Real Madrid.

Davor Suker permanecería en la disciplina blanca apenas tres temporadas, desde 1996 hasta 1999, anotando 38 goles en 78 partidos. Aquellos tres años asociarían irremediablemente a Suker con otro jugador llegado del este de Europa: Pedja Mijatovic. El tándem balcánico trajo para las vitrinas madridistas, entre otros títulos, el más deseado por todos los madridistas en aquellos tiempos: la “Séptima”, una Copa de Europa que llegaba tras más de tres décadas de sequía.

El delantero croata complementaría su cartera de títulos como madridista con 1 Copa Intercontinental, 1 Liga y 1 Supercopa de España. Cuatro títulos en apenas tres temporadas que dotaron a Suker de un aura de leyenda que estará irremediablemente asociado a la conquista de esa Séptima que para muchos madridistas, especialmente los más jóvenes, queda ya muy lejos, pero que para los más ancianos del lugar ocupará por siempre el primer lugar en su corazón.

Pero como toda historia, la de Suker con el Real Madrid llego a su final en el verano de 1999. El Arsenal inglés sería el que abriría sus brazos a un Davor que ya entrado en la treintena no pudo alcanzar el nivel mostrado en su etapa en España. Tras el conjunto “gunner”, West Ham y finalmente Münich 1860 serían los últimos destinos como profesional de aquel niño nacido en Osijek que tuvo que huir de la guerra para asombrar a todos con sus goles.

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Y si como jugador de club hizo acopio de una larga lista de títulos, como internacional pasó a la historia, habiendo jugado para Yugoslavia y posteriormente su Croacia natal. Con el primero de ellos conquistó el Mundial Sub-20, un Mundial en el que Suker acabaría como Bota de Plata. Aquella Yugoslavia presentaba en sus filas a jugadores de extremo talento como Prosinecki, Boban y el propio Mijatovic.

Ya como internacional absoluto y representando a Croacia, Suker hizo historia con los suyos llevando al conjunto balcánico a nada más y nada menos que las semifinales del Mundial de Francia ’98, un Mundial en el que Croacia asombró a propios y extraños con un juego vistoso, atractivo y muy efectivo que les llevaría a enfrentarse al anfitrión, la Francia de Zinédine Zidane. Aquel resultado, esas semifinales mundialistas, es hasta ahora el mejor resultado por el conjunto croata a lo largo de su historia, y Suker tuvo mucho que ver en ello gracias a sus 6 goles en 7 partidos. Su retirada del combinado nacional se produjo en el año 2002, dejando 45 goles en 69 partidos, además de sentar las bases del crecimiento de un conjunto que en los últimos años se ha convertido en un participante asiduo de las fases finales de Eurocopas y Mundiales.

Tras decir adiós al deporte que tanto amaba, Davor Suker no “desconectó” del deporte rey, siendo promotor de varias escuelas deportivas, además de presidir desde el año 2012 la Federación Croata de Fútbol.

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