Así, así, así gana el Madrid

Nos remontamos a principios de los años 80 para contaros la historia que nos ocupa hoy…corría el año 1980 y decidió la UEFA que la final de la Copa de Europa se iba a disputar en nuestro estadio, el Santiago Bernabéu. Ni más ni menos que en el campo del equipo que ostentaba (y aún hoy lo sigue liderando) el récord de victorias en esa competición: nuestro Real Madrid. Esta elección se convirtió en un acicate más para todo el madridismo, en aras a lograr lo que entonces se conocía como la séptima.

Venía el Real Madrid de proclamarse campeón de Liga los dos años anteriores, y esta temporada 79-80 todo hacía pensar que podría repetir por tercera vez como campeón (Circunstancia que finalmente sucedió, ganando el título en la última jornada, quedando la Real Sociedad como subcampeona). En la copa del Rey, el club tuvo la más grande y mágica temporada de su historia, ya que la final la diputaron el Real Madrid, contra su filial, el Castilla. En aquellos años se permitía la participación de los equipos filiales en la competición del KO y eso posibilitó esa final irrepetible.

Así las cosas, conformaba el Real Madrid de esa temporada un equipo potente y temido no solo en España, sino también en toda Europa. Empezó el Real Madrid su andadura en la competición contra el Levski búlgaro de Sofía. Solventado este compromiso sin recibir ningún gol en contra, el azar emparejó al Real Madrid contra uno de los entonces grandes de Europa: El Celtic de Glasgow.

Hoy en día la liga escocesa es una liga de las que se suelen denominar de segundo nivel, pero bien avanzada la segunda mitad del siglo XX era una liga poderosa, con unas características de juego acorde a la ausencia de globalización de entonces. Un puro fútbol de las islas británicas, garra, fuerza, derroche físico y un juego aéreo tremendamente resolutivo. Sin ir más lejos, el Celtic había ganado la Copa de Europa de 1967 y había sido finalista en la edición de 1970. Y el Old Firm, el sempiterno derby de Glasgow, entre los católicos del Celtic y los protestantes del Rangers es uno de los partidos de abolengo en el panorama futbolístico internacional. Un detalle significativo de este derby es que las banderas escocesas son relativamente poco usuales entre ambas aficiones; los hinchas del Celtic portan las banderas tricolores republicanas irlandesas mientras que los de los Gers (como son conocidos los Rangers) suelen portar la Unión Jack británica.

Se presentó el Real Madrid en tierras escocesas con nubarrones muy negros en el horizonte, teniendo tres bajas importantes en su plantel: Pirri, San José y García Navajas. El entrenador, el celebérrimo Vujadin Boskov (fútbol es fútbol, aquella frase ya mítica suya…) declaró, con un pragmatismo fuera de lo común, que se conformaba con “con un 2-1 e incluso con un 3-1 en contra”, así como que para poder pasar la eliminatoria resultaba “imprescindible marcar un gol”.
En este partido de ida empezó el Celtic tremendamente precavido y timorato, con un Real Madrid bien plantado sobre el césped y haciendo un solvente primer tiempo. Le faltó al Madrid el gol en este periodo, gol que tanto reclamaba el míster y de importancia vital cara al doble valor de los goles fuera de casa (Como ya hemos comentado en estas páginas, en aquella época los arbitrajes fuera de casa, la presión, y en suma todo el ambiente propiciaba que los partidos en campo ajeno fueran a veces encerronas, de ahí la norma del valor doble de los goles). En el segundo tiempo se lanzó el Celtic al ataque, y la verdad sea dicha, superó claramente a nuestro equipo con dos tantos, el primero de McCluskey y el segundo logrado por Johnny Doyle ( Este jugador tuvo la desgracia de fallecer electrocutado en un accidente doméstico al año siguiente, dedicándole la banda de música celta, Charlie and the Bhoys una canción con su nombre). Incluso pudo el Celtic marcar algún gol más, así que visto el partido, el resultado fue bastante justo.

El partido de vuelta estaba fijado para el día 19 de marzo, y el club, aprovechando que era festivo, puso la hora del partido a las cinco de la tarde y el resultado fue un llenazo impresionante en el templo merengue: 110.000 almas entregadas a su equipo y buscando de nuevo el hechizo de una remontada que podía ser histórica. Para hacernos una idea de la expectación que levantó el encuentro, el precio de las entradas oscilaba entre las 700 y las 1700 pesetas, contando las crónicas de la época que en la reventa algunas localidades llegaron a valer la friolera de 6000 pesetas. Uli Stielike, que había sufrido un accidente de tráfico un par de días antes actuó de inicio (siendo uno de los jugadores decisivos) y Boskov recuperó la garra y el trabajo de Pirri. Otro de los jugadores que participaron en la remontada, Paco García Hernández, recordaba años después en una entrevista que Juanito tenía un decálogo para las remontadas siendo la primera premisa de este decálogo “Que el primer tiro tiene que ser a los 10 segundos, un tirazo desde fuera del área y aunque sea, que dé en la publicidad, pero que suene fuerte”.

La primera parte del partido, tuvo más emoción que juego. El Real Madrid intentó, con más corazón que cabeza, avasallar a los escoceses, pero no estuvo particularmente acertado en la coordinación de sus jugadas. El inicio del partido fue más bien violento, con duras entradas por parte de ambos equipos, y que embarullaron un tanto el encuentro. Destacar que nuestro equipo con, garra, coraje, entrega y alguna que otra acción logró mantener la emoción en las abarrotadas gradas del coliseo blanco.

A punto de terminar ya el primer tiempo, justo en el último minuto, y haciendo honor a que el Real Madrid lucha siempre hasta el último minuto, consiguió Santillana marcar un gol a la salida de un córner botado por el ya fallecido Cunningham (siempre recordado por ser de los pocos jugadores blancos que el Nou Camp haya ovacionado…). En un barullo justo delante del cancerbero del Celtic, pudo Santilla deshacer el ovillo y meter el pie, llevando hasta el fondo de las redes el primer tanto para los merengues. El impacto del gol, psicológico, al haberse conseguido al final del primer periodo fue evidente en la segunda parte.

Salió el Madrid directo a lograr el siguiente tanto y Santillana, de nuevo en otro corner bien puesto por Laurie Cunningham, envió el balón de soberbio testarazo al larguero, botando después el esférico en la línea de gol, reclamando los jugadores que el balón había entrado dentro. La polémica estaba servida…y el colegiado húngaro, no concedió el gol fantasma.
Fruto de la presión madridista llegó el segundo gol obra de Stielike tras una bonita internada por la banca izquierda, con una dejada de cabeza de Santilla y que el alemán, tras controlar la pelota, marcó el gol que empataba la eliminatoria. Aún quedaba más de media hora por delante y parecía que el Real Madrid marcaría pronto el tercero, con una afición que prácticamente llevaba en volandas a sus jugadores. Más el campeón escocés resistió hasta que a falta de cinco minutos para el final, el inolvidable Juanito ¿Quién sino? Remató de cabeza totalmente solo un centro de Ángel desde el costado derecho. Y explotó el Bernabéu…

Al terminar el partido, las emociones desatadas alcanzaron cotas muy altas, varios jugadores e incluso el entrenador yugoslavo tenían los ojos empapados en lágrimas mientras que la afición coreaba al unísono un cántico que con el tiempo sería mítico en el Paseo de la Castellana: “Así, así, así gana el Madrid”.

En esta edición de la entonces conocida como Copa de Europa, el siguiente equipo que le tocó en suerte al Real Madrid, fue el Hamburgo, que eliminó al campeón español, perdiendo a la postre la final contra el mítico Nottingham Forest FC, que al levantar su segunda Copa de Europa, se convirtió en el único club del continente en tener más títulos europeos que ligas.
Con esta nueva remontada, siguió sumando más y más muescas en su palmarés el Madrid, con una generación en la que coincidieron jugadores como Pirri, Juanito, Santilla y Del Bosque y que hicieron que el miedo escénico del Bernabéu sobrepasara las fronteras de La piel de toro y estableciera su sombra por toda Europa…pero eso…es otra historia.

Ficha técnica del partido:

Real Madrid: García Remón, Sabido (Isidro 41′), Pirri, Benito, Camacho, Del Bosque, Ángel, Stielike (García Hernández 88′), Juanito, Santillana y Cunningham (entrenador: Vujadin Boskov)
Celtic de Glasgow: Latchford, Sneddon, McDonald, McAdam, McGrain, Aitken, Lennox, MacLeod, Provan, McClousky (Burns 61′) y Doyle (entrenador: Billy McNeill)
Árbitro: Sr. Károly Palotai, húngaro

Goles: 1-0: Santillana (45′), resolviendo un lío en el área tras un córner botado por Cunningham; 2-0: Stielike (55′), controlando y rematando una dejada de Santillana tras centro de Cunningham; 3-0: Juanito (85′), de cabeza, totalmente solo, remata un centro de Ángel desde la derecha.
Estadio: Santiago Bernabéu. 110.000 espectadores. Lleno total

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